Acabo de ver la película “#Chef” y reconozco que me ha gustado. Las críticas en España fueron muy malas, (en IMDb le dan un 7,4) porque teniendo buenos ingredientes (menudo elenco) se quedó en una historia plana y previsible. Pero me quedo con la otra parte de la historia, la repercusión en el mundo real de las críticas en las redes sociales.

Me gustó cómo tratan todo el fenómeno de las redes sociales, la repercusión de los errores que cometemos, lo fácil que se destruye la reputación de un profesional sin tener en cuenta el daño que llegamos a provocar.

Y en el fondo esta reflexión que hace el director me gusta porque coincide con una de mis máximas personales. No me gustan las críticas, las acepto muy mal. Pero no porque tenga un superego, ni porque me considere perfecto. Es que para mi una crítica no es lo que la mayoría entiende como tal. Que un señor anónimo me deje su opinión sobre lo que yo he hecho, no tiene el mínimo valor. Porque para mi una crítica es siempre constructiva, o al menos que además de detectar un fallo te sepan indicar cómo debiste hacerlo mejor.

Ya he tratado muchas veces el tema de las opiniones personales, soy muy tajante con eso. No, no todas las opiniones valen lo mismo, porque una opinión sólo vale en base a sus argumentos, y sólo los que los tienen son válidos para darlas. Incluso en tal caso, si vas a darla procura aportar algo al hecho. Que un crítico de tv (menudos personajes) diga que un programa es una mierda, a mi no me aporta nada. Que me diga que se parece a tal o cual programa anterior, que el formato podría mejorar de tal manera o que el director ya hizo cosas mejores como tal o cual… Entonces si está haciendo una crítica, analizando y aportando valor añadido. Primero porque me ofrece nueva información que seguramente yo no conocía, y después porque demuestra que tiene argumentos suficientes para ser un crítico, para opinar con argumentos.

Un ejemplo, el otro día estaba forrando los libros de colegio de mi hija. Hace años y años que no forraba ninguno, de hecho yo soy más antiguo que el ironfix, no había usado nunca ese forro adhesivo. Total, que el primer libro que forré me quedó como una puñetera mierda. Mi mujer llegó y me dijo: – Jose, te ha quedado fatal. Vio la cara que puse y añadió: – Hijo, es que a ti no se te puede hacer una crítica.

Pues eso mismo. A mi no me vengas a decir que el libro me quedó como una puta mierda, porque tengo ojos y lo veo, y mi conocimiento alcanza como para deducir que no era así como quería que quedase. A mi me puedes decir que hay un truco para que quede mejor, puedes incluso tratar de arreglarlo si sabes, pero criticar con un “es una mierda”, a mi no me sirve. Eso alguno lo entiende como que me tomo mal las críticas, yo sigo pensando que eso no lo es, sólo es una opinión.

Pero lo peor está en las consecuencias de una crítica, cuando no llegamos a valorar el alcance que puede tener un simple tuit negativo sobre el trabajo de una persona. A saber cuantas personas se han suicidado por una crítica literaria o gastronómica. Cuantos autores marginados acabaron tirándose al tren tras publicar su primera obra (tras años de ostracismo, quizá con una infancia difícil llena de traumas) y recibir una crítica demoledora por parte del imbécil de turno.

Siempre recuerdo el caso del profesor Sasai, un científico japonés que publicó un estudio sobre las células madre, que recibió tantas críticas que se acabó ahorcando en su despacho. O el ciclista belga Jonathan Breyne, que tras su positivo de doping intentó suicidarse al no soportar las críticas que recibió en Twitter. Para terminar te dejo esta pregunta:

¿Trabajarías de crítico sabiendo que tu opinión podría provocar un suicidio?

Anton Ego