Es una de esas aficiones que tenía de pequeño y que nunca más he vuelto a practicar. Me encantaba construir castillos de arena en la playa de Matalascañas. Allí la arenas es muy fina, parece harina, y para este tipo de construcciones es perfecta porque te permite “tallarla” como si fuera madera. La cosa no se nos daba mal a mi vecino y a mi, por eso juntos participamos una vez en un concurso de esculturas y claro, ganamos. Pero ahora que he cambiado las costas del Atlántico por las del Mediterráneo, es imposible construir castillos con esta arena de mierda que hay aquí. Más que arena parecen piedrecitas, a mi me duelen los pies al dar un paseo, con eso ya te digo todo.

Y cuando pensaba que yo tenía especial habilidad construyendo castillos con fosos, puentes y torreones… Me encuentro con Calvin Seibert que construye otro tipo de castillos, son más esculturas que otra cosa, pero me encantan, seguro que a ti también te van a dejar con la boca abierta:

Tienes más fotos de las obras de arte que construye Calvin Seibert en su Flickr.