Philips 16CT2216/25

La tele del niño

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Hay una cosa que hace mucho tiempo que no veo, y no me refiero a mi flequillo. Me refiero a algo que antes veíamos en todas las casas y que cada vez quedan menos: televisores pequeño.

Mi padre era lo que ahora conocemos como un early adopter, le apasionaba la tecnología que fue surgiendo en los 70 y los 80, sobre todo si eran marcas alemanas.

Fuimos la primera familia del pueblo en tener un televisor en color, en tener un video VHS, en tener una videocámara doméstica… Lástima que murió antes de la llegada de los móviles e internet, porque doy por hecho que habría sido un fanboy absoluto de Apple.

Así que cuando yo nací en casa acababan de comprar la primera tele en color, era una Philips K11 que seguramente muchos de vosotros habéis tenido en casa. Eran esas teles en las que el mando a distancia eras tú, cuando tu padre te pedía que cambiases entre la Primera o la UHF. En este modelo en concreto era un coñazo el sistema de botones que tenía, si llevabas los dedos sudados no funcionaba (he llegado a cambiar de canal con la nariz).

En nuestra época eso era una tele gigante (supongo que debían ser 25″), un aparato del que presumían nuestros padres ante sus amigos que todavía no podía permitirse un equipo así (ni siquiera esos a los que su cuñao les traían las cosas más baratas de Alemania).

Luego, debía ser 1987, llegó otra revolución a casa, el primer video, también Philips, que te permitía grabar lo que daban en la tele, entre otras cosas las actuaciones que ponían los sábados en «Tocata», las recetas de «Con las manos en la masa» y por supuesto el especial de Nochevieja de Martes y 13.

Philips 16CT2216/25

Así que pronto surgió la necesidad de tener una segunda tele por si alguien estaba viendo algo grabado mientras tú querías ver Barrio Sésamo o estaba a punto de empezar Oliver y Benji. La excusa fue también que esa segunda tele, mucho más pequeña, sería perfecta para llevarla al chalet de la playa en verano. Así que llegó otra tele (adivina la marca… exacto: Philips), era el modelo Philips 16CT2216/25 de 16 pulgadas. Desde ese día se le bautizó como «la tele chica».

Pero el video también trajo algo nuevo además de la tele chica: un mando a distancia. Descubrimos que poniendo la tele en el canal del video podías usar el sintonizador del aparato para cambiar de canales. Recuerdo que venían a casa amigos a ver eso de cambiar los canales con un mando a distancia.

Ese día me jubilé de mi trabajo como mando a distancia con orejas, logré mi libertad, me sentí como Espartaco rompiendo las cadenas que me ataban a la tele.

El caso es que han pasado los años y, de la noche a la mañana, el que estaba comprando una tele nueva era yo en mi propia casa y para mi propia familia. No, no he sido tan early adopter como mi padre (los tiesos no podemos serlo), tampoco he perdido mucho tiempo con los televisores porque por lo general veo muy poco la tele. Compré una tele de 49″ que estaba en oferta (sin smart tv ni nada que no voy a usar) y la tele vieja pasó al dormitorio. Porque esa ha sido de toda la vida la evolución de las teles de una casa decente: La tele nueva al salón, la vieja al dormitorio y la del dormitorio (que solía ser una tele chica) se iba a la cocina.

Y llegó el día en el que nació mi hija y, como todos los niños, quería ver a todas horas sus episodios favoritos de La Casa de Mickey Mouse o volver a ver por enésima vez Shrek o las Princesas Barbie Bailarinas. Pronto surgió el tema de comprar «una tele chica» para la niña. Y ahí llegó la polémica…

Conocíamos a muchas familias que habían decidido ponerle una tele a los niños en su dormitorio «para que vean la tele o jueguen con la consola». Pero eso de tener una tele en un dormitorio no ha ido nunca conmigo. La tenemos en el nuestro pero nunca la usábamos (mi mujer sí la tenía cuando era soltera y no quería desprenderse, pero en realidad tampoco la usaba), así que ni por asomo estaba dispuesto a ponerle una tele a mi hija en el suyo.

Durante la infancia de mi hija la tele del salón fue su cortijo, ella la usaba (mientras estuviera despierta) y nosotros esperábamos a la noche para ver nuestras cosas. En alguna rara ocasión le poníamos la tele en nuestro dormitorio, quizás si estaba malita y se quedaba en la cama de los papis o poco más.

Supongo que los tiempos cambian, las familias se organizan de otra manera y la mentalidad ha evolucionado. A día de hoy no conocemos a ninguna familia que no tenga una tele en el cuarto de los niños. Pero todo tiene un límite.

En Navidades un compañero me explicaba que había comprado en oferta una tele nueva «para el niño». La tele era un televisor LED de 50″ que casi deja sin ventana al pobre niño. No me he atrevido a preguntarle cuánto mide la tele del salón, pero doy por hecho que de 65″ no baja.

El caso es que la oferta de teles pequeñas ha desaparecido, cada vez es más raro encontrar una tele en las tiendas que sea más pequeña de 28″. Estuve leyendo un poco y al parecer hay una explicación, en España la TDT dejará de emitir en SD en 2024 y todo será en HD. Muy pocas teles pequeñas (por no decir ninguna) tienen formato TDT HD, para eso tienes que recurrir a televisores más grandes. Y ya que te pones a comprar grande… Pues caballo grande, ande o no ande.

Comenté de pasada este tema en mi perfil de Mastodon (te lo recomiendo una vez más, es como volver al Twitter de 2010) y la respuesta de la gente fue bastante similar. La mayoría alucinó con el tamaño de una tele para el dormitorio del niño, otros recordaban los problemas que tiene la gente invidente que usa el servicio de audiodescripción y que no necesitan teles grandes (perdona el chiste, pero debe ser tela de gracioso ver que una persona ciega tiene una tele de 50″ en su salón sólo para escuchar los subtítulos).

Supongo que los mismos que ponen la tele del niño en el dormitorio son los que le dejan el móvil mientras están comiendo… Para que no molesten

Que sí, que cada uno educa a sus hijos como quiere, que las nuevas generaciones estamos enganchados a las pantallas. Pero me produce mucha desazón ver cosas como una pareja de abuelitos con su nieto, que supongo verán al niño sólo una o dos veces a la semana, que estaban comiendo y le habían puesto al crío (era muy pequeño) el móvil delante para que viera los dibujitos y así ellos comer y charlar tranquilamente.

Por muy early adopter que fuera mi padre, estoy seguro que hoy en día no haría eso con su nieta. No era eso lo que nos enseñó de pequeños y no es lo que yo le he enseñado a mi hija. En casa comemos juntos desde que era un bebé, en la mesa nadie usa el móvil porque es un espacio de charla familiar. Desde pequeña aprendió a escuchar lo que decían los adultos, a pensar primero lo que iba a explicarnos para que tuviera sentido y fuera interesante. Hoy me cuenta que cuando sale con sus amigas es la única que no mira el móvil mientras están comiendo juntas, que prefiere charlar y que le cuenten algo, a la cara, no desde una pantalla.

En casa es una adolescente más que usa mucho el móvil pero la tele no la ve nunca, no creo que se haya sentado nunca a ver lo que dan en la TDT (y tiene ya 15 años), si acaso alguna peli que le guste o la serie de moda que vean todas sus amigas.

Creo que no lo he hecho tan mal…

4 respuestas a «La tele del niño»

  1. Avatar de cavalleto :planetacunyao:

    @soyplastic O sea, que ahora lo que respondas a este mensaje aparece en el blog. Bueno, en teoría, porque el plugin veo que falla como una escopeta de feria. Al menos vuelve a funcionar lo de salir publicado el contenido. Poco a poco…

  2. Avatar de GonzaloMMD

    Apúntate una, estoy muy de acuerdo contigo. Lo único es que me han parecido muchas pulgadas las 25 que le atribuyes a la philips, yo creo que debían ser menos. Me suena que cuando mis padres cambiaron la Grundig que tenían por una Sony de 21″, ésta creo que tenía bastante más pantalla que la anterior. Pero bueno, es una percepción mía, y recuerdos de cuando era un enano. 🙂

    1. Avatar de cavalleto

      Según está página era de 26″:
      Obsolete Tellye Museum

  3. Avatar de Manu M

    Televisores de 21 y 24 pulgadas siguen existiendo, igual que más pequeños. Y si entramos en el terreno de los televisores para caravanas bajamos todavía más (y todas ellas tienen sintonizador TDT HD, aunque la pantalla no lo sea; no pasa nada por reescalar el vídeo).

    Yo más bien estoy pensando en si tiene sentido un televisor para el niño en la era del dispositivo personal y en la era en la que los niños no ven la tele. Si ya tiene una tablet probablemente no quiera un televisor si no tiene una consola de sobremesa.

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