Hoy el título del post debería ser todavía más duro porque llamar gilipollas a este tío es quedarse corto, habría que recurrir al diccionario que tan bien había utilizado Camilo José Cela para describir a este hijo de puta (perdón, pero ya he encontrado la palabra que estaba buscando).

Un teólogo marroquí promueve las bodas con niñas

Una niña de nueve años da con frecuencia mejor resultado en la cama que una joven de 20. Nos han contado, y hemos constatado, que las niñas de esa edad dan mejores prestaciones que las mujeres adultas. En consecuencia están tan capacitadas para contraer matrimonio como las jóvenes de 20 años.

Esta fatua (decreto islámico) escrita por Ben Mohamed Abderrahman Al Maghraoui se ha ganado titulares en los principales diarios de internet. Las primeras hipótesis hablan de que Al Maghraoui haya tenido en su familia algún caso relacionado con las bodas con niñas menores y con esta fatua quiera justificarla dándole una cobertura religiosa.

Para evitar la proliferación de fatuas, a veces disparatadas, el Consejo Superior de los Ulemas (doctores de la ley islámica) asegura que sólo sus miembros están colectivamente habilitados para pronunciarlas. Por eso sorprende que no hayan salido al paso de la iniciativa de Al Maghraoui, ni que la fiscalía haya actuado de oficio ante un edicto que aboga por incumplir la ley.

Sin duda con tipos como éste estamos apañados si pensamos que la Alianza de Civilizaciones será la solución a todos nuestros problemas con los musulmanes. Son el fiel reflejo de las ordas de curas pedófilos que sufrimos en los países occidentales, así que habrá que hacerse tibetano, a ver si allí respetan a los niños, porque por aquí parece que algo falla, algo no termina de ir bien cuando los niños siguen siendo víctimas inocentes de estas mentes enfermas que deben estar apartadas del resto de la sociedad.

Vía | El Pais

Publicado por cavalleto

Sátiro de nacimiento, trabajo como técnico en una multinacional de biotecnología. Escribo en este blog personal desde 2004. Aquí saco a pasear el látigo de vez en cuando.