El concepto de lujo varía mucho en función de lo que has tenido en casa desde pequeño. Me refiero a que durante años el lujo se asoció a coches caros, ropa de marca y casas grandes. Pero si crecías en un entorno social donde era normal vestir sólo de marca, no lo asociabas al lujo, en todo caso tenías que recurrir a marcas más exclusivas. O sea, que durante años mis amigos y yo consideramos que llevar un polo Lacoste y un pantalón Levi’s ya era un lujo. Y en parte era cierto, las rentas no eran tan altas en algunas zonas de España, vestíamos con ropa de mercadillo y zapatillas Golfitos. Comprarte esa ropa era un objetivo, ahorrabas para poder darte el lujo de comprártelos. Pero llevaban asociado una calidad de los materiales, o es que soy el único al que un polo Lacoste le ha durado 10 años como nuevo?

Luego en función de cómo le ha ido el cuento a cada uno ha mantenido sus gustos por comprar en mercadillos (o en Carrefour, que es el digno sucesor) o ya no concibe vestir algo que no lleve el logo de una marca archiconocida, para así demostrar que no mira el precio de las cosas, señal de que tiene el riñón bien cubierto.

Y entre esos dos mundos hay uno de gente más joven que yo, que ahora están entrando en los 30, que asocian el lujo a cosas que no acabo de entender.

Sueñan con vivir en un mundo rodeado de cafeterías donde pagas el café 5 o 6 veces más caro, y que te lo sirven en un puto vaso de papel.

En mi época uno podía soñar con tomarse un café en una cafetería donde te serviría un camarero profesional, en una vajilla de finísima porcelana y con el mejor trato posible. Ahora es un lujo que un tipo que lleva 2 días sirviendo cafés, te ponga un frapuccino en un vaso de papel y te cobre 3€ sin tan siquiera llevártelo a tu mesa. Oye, y lo vemos tan normal!

Hace años hablando con un amigo que vivió muchos años en EE.UU. me contaba su punto de vista. Él tenía ya unos 30 años y no había bebido jamás un café en una taza o en un vaso de cristal. En todas las cafeterías a las que había ido en su país le habían servido el café en un vaso de papel. Le pregunté que cómo se diferenciaba entonces un local bueno de otro malo. Y me dio la clave que ahora todos hemos descubierto: el valor añadido. Hace 5 años ya daban muchos locales WiFi gratis, alguna pasta de regalo cuando pedías determinado tamaño de vaso, buena música, un ambiente cuidado, sin gente extraña o desagradable. O sea, más o menos lo que pasaba aquí en los años 80-90 en algunas cafeterías o salones de té, donde no entrabas ni loco porque sabías que ese no era tu sitio, ya fuera por el ambiente o por el precio de las consumiciones.

Durante muchos años una anécdota me acompañó en mis viajes. Recuerdo que unos amigos de mis padres me contaron siendo muy pequeño, que se habían tomado un café en la plaza de San Marcos de Venecia, y habían pagado 400 ptas por cada café. Eso era una locura, una burrada, un auténtico lujo de derroche. En 1.994 era yo el que se tomaba ese café en Venecia, en la misma plaza y creo que hasta en el mismo café. No, no sentí el lujo por ninguna parte, en realidad sentí que estaba haciendo el ridículo, pero oye, el cuarteto de cuerda que estaba a mi lado me hizo pasar un rato agradable mientras me terminaba mi café sólo, sin azúcar.

plazaSanMarcos

Hoy, cada día, cientos de chavales entran por primera vez en una cafetería de moda, y cumplen su sueño al poder tomarse un café malo y caro, servido en un vaso de papel. Y pagan lo que les pidan, es su concepto del lujo, su objetivo más importante cuando tienen 15-16 años y quieren impresionar a alguien. No hace mucho pasé delante de una de esas cafetería y vi a una parejita de adolescentes en esa situación. Él quería impresionar a la chica y le invitó a un café, el que ella quisiera. Mientras la susodicha le decía que eso era muy caro, que era un lujo. Así, tal cual. Al final no sé cómo acabó la cosa, pero me impresionó mucho el momento donde para esos chicos era un sueño algún día poder beber en vasos de papel.