Aunque la globalización está logrando que las tradiciones populares se vayan perdiendo todavía hay muchas que logran mantenerse (por suerte).

Hoy en día vivir en un pueblo ya no tiene ni la mitad del encanto que tenía hace unos 20 años, cuando cada mes había alguna fiesta, romería, verbena, procesión… Siempre había algún motivo para salir a la calle a pasear y disfrutar de las tradiciones.

En el pueblo donde vivimos se han perdido casi todas, quedan algunas pero la gente casi no participa, la culpa como siempre la tiene la tele y los padres que prefieren ponerle a sus hijos un dvd de Disney en lugar de sacarles a la calle a ver a los gigantes y cabezudos.

En el pueblo donde nací hay muchas tradiciones y sucede algo similar, las nuevas generaciones pasan un kilo de mantener ritos que para ellos ya no significan nada porque nadie se las ha explicado.

Por suerte todavía mantienen muchas costumbres, muchas romerías (allí les llaman romeritos), muchas verbenas durante las cruces de mayo, incluso durante las navidades hay varias tradiciones que se mantienen.

De hecho las navidades comenzaban a partir del día 8 de diciembre, día de la Inmaculada y que allí se celebra la “Quema de la Gamonita”.

Es una tradición que se pierde en el tiempo por lo que su verdadero origen se desconoce. Hay una teoría que explica que cuando acabó la Lepra la gente lo celebró quemando sus ropas para evitar futuros contagios. Así a partir de aquel momento se repetían las quemas de objetos antiguos en los días de la Imaculada, conocida también como la Purísima, así que se aprovechó un rito pagano para unirlo a una tradición católica, que significaba la purificación del alma antes de la Navidad.

En la actualidad se hacen grandes hogueras en la Plaza de la Iglesia, donde se queman manojos de Gamonitas (Gamón común) un arbusto que arde muy bien y que se recoge durante las semanas previas a ese día, se dejan secar y se forman hachones que se van quemando en las hogueras.

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Hace años también se aprovechaba para quemar muebles viejos, ropa, periódicos, cualquier cosa que ardiera se quemaba ese día.

Por supuesto, a partir de ese día ya no hay quien descanse porque los chavales del pueblo no dejan de jugar con los petardos a todas horas.

Hay gente que cuelga al Papá Noel de su balcón en lugar de continuar las tradiciones de su pueblo/ciudad, no saben el daño que le están haciendo a la cultura que recibirán sus hijos, cada día menos diversa y cada día mas monótona…