El coaching o cómo sacar el látigo del sentido común

Ya sabéis que casi no veo la tele, y de la poca que veo sinceramente no veo nada en vivo. Hace mucho que tomé la decisión de no perder mi tiempo viendo lo que decide emitir un director de programación que no tiene los mismos gustos que yo. Ahora si «pierdo» mi tiempo viendo algo de la tele tiro de lo grabado o de lo disponible en streaming.

Y si puedo elegir prefiero buscar contenidos que me aporten algo más que «evadirme» del estrés diario, más que nada porque el estrés lo elimino de otras maneras más enriquecedoras que tirándome en el sofá mirando lo que pongan en la tele. Pero vale, alguna vez si que veo series o programas que me han enganchado.

En televisión me han gustado siempre los programas de coaching, ya fuera Ajuste de Cuentas, donde me flipaba la gente que lleva un ritmo de vida inviable a base de deudas, o con Hermano Mayor, donde tomaba ideas por si el día de mañana mi hija me sale así de rebelde. Estos programas tienen todos algo en común, y no es el hecho de tener un gurú que encuentre la respuesta a todo. Es el sentido común.

Otro ejemplo de programa de coaching es Pesadilla en la cocina, del que me he vuelto ferviente seguidor tras conocer al personaje que representa Alberto Chicote, el tipo con más sentido común que he visto en mucho tiempo. Chicote podría asesorar restaurantes, familias en quiebra, hijos descarriados o empresas en suspensión de pagos. Y podría porque usa sobre todo un arma: el sentido común.

Pero empecemos por el principio: qué entendemos por sentido común? Pues ese ya es el principal escollo, porque lo que para muchos es algo lógico y natural, para otros que lo ven todo bajo la óptica difusa de su criterio personal, no lo ven tan claro. Lo peor que te puede pasar es convivir con alguien que no comparte el mismo sentido común que tú, de hecho precisamente se llama común porque se comparte con los demás. Si eres el único que ve así las cosas entonces no es sentido común, es sólo tu opinión. Antes de seguir os dejo esta frase de uno que sabía más que yo de todo:

El sentido común es un depósito de prejuicios que se forma en la mente antes de cumplir los dieciocho años.

Albert Einstein

El sentido común es el instinto de la verdad.

Max Jacobs

Con todos mis respetos para su memoria: Un mojón para Albert Einstein. Me quedo mil veces con la frase de Max Jacobs, es tan sencillo como eso, un instinto que o se tiene o no se tiene.

Desde hace meses me estoy volviendo un blando en el blog. Casi no saco el látigo, lo tengo guardado en un cajón, engrasado eso si, dispuesto siempre a salir en caso de emergencia. Me ha importado siempre un pimiento lo que pueda opinar de mi forma de ver la vida. De hecho utilizo este blog para compartirlo con el que lo quiera leer, el que se sienta identificado y representado. Pero no tengo el más mínimo interés en convencer a nadie. Si están en un coche sin frenos, cuesta abajo y directos a un muro de hormigón, pues ellos asumirán los desperfectos. Ante todo libertad de decisión y a su vez responsabilidad de las decisiones propias.

Decía que me he vuelto un blando porque estoy tratando de ser políticamente correcto en mi rol dentro de Beticismo.net. He metido la pata varias veces por ser tan vehemente, y me sabe mal porque habitualmente quien lo acaba pagando no soy yo. Así que procuro controlar mi opinión por miedo a que afecte a la reputación de un proyecto tan agradecido y lleno de alegrías como Beticismo.net.

Pero no puedo. No sé aguantarme las ganas de rajar y sacar el látigo del sentido común para atizar a quien piensa que el resto de la audiencia es tonta y se traga lo que le echen.

Hoy mismo me ha pasado una anécdota con un personaje de Twitter. Escribió un artículo ridiculizando a los directores de dos diarios españoles de clara ideología conservadora. Muy divertido, pero si fuera humorista en lugar de personaje de internet, y quisiera hacer gracia con sus chistes, el recurso que ha utilizado es como hacer gracia contando chistes de curas, gangosos y mariquitas. Claro que se van a reír, pero que tal si probamos a subir un pelín el nivel? No, la conversación no dio para mucho, le señalé con el dedo y me acabó menospreciando. Poco aguante, mecha corta, así no hay forma de hacer el troll con nadie.

Y en el fondo mi comentario tocacojones fue puro sentido común. Si escribes en un periódico de izquierdas y quieres hacerte famoso entre tus lectores, prueba a hacer críticas a la propia ideología de izquierda que está viviendo los peores años de su historia, que ni está ni se le espera como alternativa a lo que quiera que tenemos ahora, que ya no sé si es neoliberalismo, neoesclavismo, corporativismo o como carajo lo llamen. En cambio ha preferido escribir lo que su audiencia (la suya no, la del medio donde escribe) quiere leer, recibir el aplauso fácil y nuevos pedidos para más artículos. Un lameculos en toda regla. Pues como le dije en twitter, que le hagan buena digestión todos los pelos que se tragará con el tiempo.

Cuando alguno de mis amigos/lectores me felicitan por sacar el látigo a veces me sorprenden. No veo tanta crítica «destructiva» como simple ejecución de un pensamiento lleno de sentido común. Si escribo sobre los que gastan más que ingresan, no estoy atacando, estoy poniendo sentido común. Si escribo sobre los que tienen un trabajo de mierda porque en su momento preferían estar de copas que estudiando, no estoy insultando a nadie, sólo les pongo en bandeja un poco de sentido común y les muestro que ese es el resultado de algo que decidieron hacer en total libertad y siempre despreciando otra opción basada en el trabajo duro y constante.

Decía al principio del post que cuando el sentido común no es común a quienes te rodean, entonces pasa a convertirse sólo en tu opinión. Pues será eso, que mi forma de ver la vida empieza a convertirse en algo minoritario. Que me estoy haciendo un carca, un abuelo cebolleta, un reaccionario. Coño, que a veces me hacéis creer de verdad que soy un tío de derechas cuando yo no voto nunca al PP!!!

Para los fans de mi látigo, os prometo que lo volveré a sacar del cajón y atizar con más frecuencia, que se me está durmiendo el personal y ya todo son excusas de la crisis para no hacer nada, para no luchar por cambiar la situación, para buscar nuevas oportunidades allí donde se presenten. Y las excusas nunca las doy porque nunca las pido. No las necesito, no sirven de nada, no solucionan los problemas y sólo sirven para autoengañarnos y que nuestra conciencia duerma tranquila echando la culpa a otro que no seas tú mismo.

De regalo este banner que me ha encantado: el sentido común es como el desodorante, quien de verdad lo necesita no lo usa.

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