Alguien dijo que esta era la generación mejor preparada de la historia de España, pero está claro que eso no sirve de nada para frenar los ataques de histeria cuando los medios lanzan una noticia sensacionalista. No sirve porque, pese a que tenemos a nuestro acceso toda la información del mundo, no nos han enseñado a contrastar datos. Y mucho menos a utilizar nuestra lógica para saber cuando alguien está actuando de forma paranoica.

Está claro que hay un problema inicial: los medios de comunicación han perdido todo el crédito que pudieron ganar en su historia. Habíamos dejado en manos de los periodistas la labor de separar el grano de la paja, de contrastar las noticias antes de hacerlas públicas, de saber diferenciar entre noticia y rumor. Pero esa labor se fue al garete cuando el éxito profesional se mide en número de páginas vistas al mes.

Pero eso no debería de servirnos de excusa a los lectores, que vivimos hiperconectados, para dudar de ese tipo de información sensacionalista. Si de pronto hay un boom informativo con una noticia de la que hay pocos datos claros, muchos rumores, muchas contradicciones… Eso acaba generando desinformación entre la población, algo que siempre viene bien en una redacción de noticias, porque crea la necesidad de buscar más y más información.

Es el truco perfecto, primero se lanza la noticia incompleta y sensacionalista, luego se recurre al análisis, los testimonios de testigos, las aclaraciones de los expertos… Y así se llena otra temporada más de noticias hasta que llegue el siguiente boom informativo que haga que se ponga en marcha de nuevo la maquinaria.

A todo eso le podemos sumar el uso partidista de las noticias, donde se aprovecha lo que sea para atacar al político de turno, que no seré yo quien salga en su defensa, pero como lector me siento ofendido cuando el mayor análisis que es capaz de hacer un periodista es echarle las culpas al político, buscando el aplauso (RT hoy en día)  fácil entre su audiencia.

Ojo, que no sólo señalo a los medios de comunicación, que los organismos internacionales también ayudan al desconcierto difundiendo información sin contrastar, buscando en ocasiones la alerta injustificada y aplicar luego el refrán de “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Mejor si pongo un ejemplo práctico para analizar este fenómeno.

El pánico al ébola

El ébola lo tiene todo, es una enfermedad poco conocida, sus síntomas son propios de una película de zombies, es capaz de acabar con una persona en 12 días desde que se manifiesta la enfermedad… Ningún guionista se podría resistir a utilizar este protagonista a la hora de crear una trama basada en la histeria.

Además, el gobierno pone tan fácil que todo el mundo critique su actuación que es difícil resistirse. Son torpes, incompetentes y así es fácil que sea objetivo de todas las críticas. Además, como ya decía, el uso partidista facilita que siempre algún populista aproveche la ocasión para quedar en ridículo (no me creo que a estas alturas logren votos con estos tuits). Ejemplo, el tuit de Ada Colau esta tarde:

Y luego está la prensa sensacionalista, la que busca la carnaza. Se les reconoce porque su máxima profesional es ser los primeros en adelantar una noticia. Desconozco si en la facultad les enseñan a que ser el primero es lo importante, pero eso genera visitas, y como dije más arriba es en lo que se mide hoy el periodismo (tanto tráfico generas, tanto vales).

La realidad del riesgo biológico

1412669315_019236_1412669752_noticia_normalPor suerte la realidad entre los profesionales que trabajan con riesgos biológicos es otra. En España cada día se trabaja en laboratorios con cepas de todo tipo, la industria trabaja con patógenos (algunos mortales, otros muy infecciosos) pero lo hace en condiciones de seguridad adaptada al riesgo. En un hospital público no suele haber suficiente personal cualificado, se recurre a las improvisaciones, protocolos obsoletos en los que no han sido formados los profesionales que se enfrentan ante una situación así. Eso si es responsabilidad de los gestores (y los políticos que los colocaron ahí).

En el caso de la primera infectada en España me atrevería a decir que ha sido por un error humano por falta de experiencia formación específica. Recuerda que Médicos Sin Fronteras lleva 25 años trabajando en África con enfermos de ébola y no han tenido ningún infectado. Todo se basa en conocer las medidas de seguridad y disponer de los equipos necesarios. En esta situación no había personal especializado y los medios eran insuficientes y con muchas carencias.

Hay imágenes donde vemos al personal entrar y salir de las salas con la ropa de protección, sin utilizar un SAS donde quitarse la ropa, con lo que arrastran las posibles infecciones fuera del recinto. En estos casos quién es el responsable, ¿el político o el profesional poco cualificado? Sin duda el último responsable es el gestor que debe velar porque se cumplan todos los protocolos.

Pero hay que partir de una base, el ébola es tan infeccioso como lo puede ser el SIDA. Se transmite por muestras fisiológicas frescas, soportan mal el calor (se seca y muere rápidamente). Así que el riesgo de infección es similar a cualquir clase de virus de este tipo (y en Europa tenemos muchos). Si no hay histeria paranoica con el SIDA, ¿por qué habría de haberlo por el ébola? Además, los casos de ébola que se han tratado fuera de África han tenido un resultado positivo, los cuatro americanos se recuperaron, seis en Filipinas, una enfermera en Francia… Los dos sacerdotes llegaron tarde al tratamiento y eran personas ya mayores, lo que aumenta el riesgo.

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Al final el ébola es un virus que tendrá tratamiento en países desarrollados (los sueros de pacientes curados está dando los mejores resultados) y se podrá erradicar en poco tiempo. Otra cosa es que a los lectores les preocupe que siga muriendo gente en África por esta enfermedad. Las costumbres funerarias no ayudan a que se controlen enfermedades infecciosas, así que si se acaba con este brote será sólo cuestión de tiempo de que aparezca otro igual. Quién sabe, quizá incluso se logre desarrollar inmunidad frente al ébola. El 15% de la población de Gabón es inmune y sin haber sufrido la enfermedad con anterioridad.

Y como decía al inicio, a río revuelto, ganancia de pescadores. La OMS suele ser especialista en esta labor, dispara las alarmas, despierta la histeria entre la población que presiona a sus gobiernos para que gasten millones en vacunas innecesarias. Hoy toca el ébola, pero ayer era la gripe aviar, antes la enfermedad de las vacas locas, la gripe porcina…

Recuerda que somos muchos los profesionales que cada día trabajamos en laboratorios de alto riesgo, con patógenos peligrosos, pero lo hacemos tras recibir una intensa formación, años de práctica y un seguimiento escrupuloso de los protocolos de seguridad. Por eso nos chirría leer algunos comentarios propios de ataques de histeria que de ciudadanos que pueden informarse desde varias fuentes directas, para no caer en la paranoia ni hacerle el juego a los medios sensacionalistas.