De pequeño nunca tuve mascotas en casa, fue una decisión de mi familia. No querían que nos encariñáramos con los animales y luego sufriéramos al morir. De hecho sólo tuvimos dos canarios amarillos que un día se metieron por despiste en la cocina y los cuidamos durante varios años en una jaula. Una vecina me dio un gato, la primera noche vi cómo le brillaban los ojos y al día siguiente le devolví al gato “diabólico”. Hasta ahí mi experiencia con mascotas durante toda mi infancia y juventud.

Cuando conocí a mi mujer la cosa cambió. Ella tenía un Schanuzer miniatura, con malas pulgas, y fue la primera vez que conviví con un perro en casa. Mis suegros tenían dos bestias, una pareja de rottweilers que parecían los leones del Congreso. Imaginad la primera vez que entré en su casa y vi salir por la puerta a los dos “animalitos” corriendo hacia mi… Digamos que tuvimos una relación de “respeto”, yo no les molestaba y ellos no me comían vivo. Era un pacto en el que los tres salíamos ganando.

Hasta que un día pasó lo que tenía que pasar. Mis suegros de viaje, escucho al vecino gritar que el perro se había caído a la piscina. Salí corriendo pensando que el que estaba en el agua era nuestro schnauzer. No, era el rottweiler macho, un bicho de más de 50 kg que me miraba asustando apoyando las dos patas delanteras en el borde de la piscina. ¿Qué harías en esa situación? En mi caso le dije a mi mujer que se acercara a ver si mordía jajajajajaja. Si, lo sé, soy un mamón, pero no lo hice con esa intención. Supuse que el animalito estaría asustado y quería ver si con alguien de “su familia” reaccionaría mal. Una vez que comprobé que el bicho no estaba más que asustado, le agarré por debajo de las patas delanteras y le saqué del agua, sano y salvo.

Desde ese día el perro me quería más que nada en el mundo. No se separó de mi hasta que murió, me protegía y me quería a partes iguales. Incluso la hembra, que siempre me ladraba mucho, dejó de hacerlo después de que mi nuevo “guardaespaldas” le dejara claro que a mi no me ladraba nadie. Por desgracia ambos perros murieron poco tiempo después, pero mi actitud frente a los perros cambió para siempre después de esta experiencia.

Hace poco más de un mes murió nuestro Schnauzer después de 13 años. Lo sentí mucho más de lo que habría imaginado, de hecho dejó un hueco en casa tan grande que hemos pensado que había que volver a llenar con una nueva mascota. Y ahí es donde nos encontramos en estos momentos.

Cuando decides que quieres una mascota en casa, en este caso un perro, lo primero que te asalta es la duda de si comprar un cachorro o adoptar uno de perrera. En este tema me he fiado de la familia de mi mujer que han tenido perros siempre. Las experiencias de perros adoptados no fue nunca positiva, unos murieron muy pronto, otros era agresivos y mordieron a mi mujer de pequeña. Así que descartamos esa opción, nunca traería a casa un perro adulto, con vicios, teniendo una niña de cinco años que querrá jugar con él a todas horas.

Así que decidimos finalmente buscar un cachorro en una tienda o un criadero. Comenzó la ardua tarea de buscar qué raza de perro era la más adecuada a nuestra situación familiar, el espacio del que disponemos, nuestro tiempo, etc. En base a nuestro schnauzer sabíamos que el tope era un animal de unos 15 kg, que pueda hacer vida casera, para hacer ejercicio tenemos jardín de tamaño mediano y alguna salida esporádica los fines de semana. Mi hija quería un chihuahua, como el de la película de “Un Chihuahua en Hollywood”, por suerte nos asesoraron muy bien y nos explicaron que esa raza no se lleva nada bien con los niños, así que descartado (menos mal).

La lista de razas se fue reduciendo, no queríamos pelo largo, ni de tamaño muy reducido, que fuera dócil con los niños y de carácter jovial. El resultado perfecto parecía ser un Boxer, pero el tamaño y las babas eran un gran impedimento. Al final apareció una raza por azar, que cumplía todo lo que buscábamos: Boston Terrier.

Toca buscar algún sitio donde no te vendan un cachorro enfermo, o peor, te traten de vender un bulldog francés, que de cachorros es muy difícil saber si es o no un boston terrier. Si te pones a leer en internet te encuentras de todo, desalmados que venden animales enfermos traídos desde Europa del Este, criadores que falsifican informes médicos (con radiografías falsas para camuflar malformaciones de rodillas y displasia)… Como siempre encuentras más piratas que gente honesta en esto de la compra/venta de animales.

Cualquier consejo que te puedan dar sobre medidas a tomar para evitar una estafa es poco efectivo. Puedes pedir informes de un veterinario y serán falsos, puedes pedir placas de Rayos X para ver si tiene malformaciones y te las darán de otro perro sano, informe genéticos de sus padres y serán falsificados por cuatro duros, te dirán que tiene todas las vacunas y no será cierto… Es una auténtica locura andar detrás de estos falsificadores, porque al final lo que te están vendiendo es un ser vivo al que le coges mucho cariño y le tratas como a uno más de la familia.

Mis suegros tuvieron una experiencia horrible, un rottweiler con displasia, sordera, problemas de columna y de remate cáncer de huesos. Se gastaron un fortunón en operaciones, tratamientos y quimioterapia. Al fallecer el animal se juraron que no volverían a sufrir tanto por otro perro, y así ha sido. Por cierto, ese animal con tantos problemas tenía falsificados los informes veterinarios, placas falsas de R-X y hasta documentación falsa de pedigrí.

No te queda más remedio que confiar en tiendas o criaderos de confianza, que alguien te lo haya recomendado porque ya compró un animal allí. Debes exigir poder visitar las instalaciones, conocer a los padres del perro (aquí es fácil engañarte diciendo que son unos y ser falso). Pero al menos sabes que si un vendedor no pone pegas para estos requisitos es porque tiene algo que ocultar.

Nosotros estamos a la espera de que nos confirmen cuando tendremos disponible una hembra de Boston Terrier, todavía no hay una camada disponible, pero al menos hemos encontrado un criador y una tienda con buena reputación y que nos han atendido muy bien. Ya os contaré cómo acabó la historia. Si estás pensando en comprar vuestro primer perro espero que mi experiencia te sirva de guía orientativa y quedes advertido de que un perro no es un capricho pasajero, es un ser vivo, un miembro más de la familia que os acompañará unos 10 años de vuestras vidas. Si tienes dudas, no compres.