Todo está podrido, todo

Y no pasa nada. No pasa absolutamente nada. Lo consentimos, lo vemos como algo natural en un sistema podrido desde las raíces. Cualquiera de nosotros, al ocupar un puesto en la administración y con poder de decisión, aceptaría los regalos de las empresas que se hacen con las obras públicas. Cualquiera. Si estafamos al fisco con una factura del fontanero, qué no haríamos en un despacho por el que cada día pasan presupuestos millonarios?