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Nos recordarán por los buenos «mementos»

En los momentos en los que tomo conciencia de que el tiempo comienza a dejar huella en mi me surge la duda de cómo quedará reflejado este periodo de la historia en los libros del futuro.

Y no me refiero a los análisis políticos y económicos, sino a cómo nos reflejarán a nosotros los habitantes de esta época. Como ya no estaremos aquí para defendernos pues la verdad es que me preocupa que quedemos como unos gilipollas.

Durante años pensé que aquella moda de los blogs podía ser una fuente directa para el futuro, pero olvidé que aquellas miles de bitácoras estaban alojadas en servicios gratuitos que irán desapareciendo poco a poco. No quedará más que la caché de Google y a saber durante cuánto tiempo.

Miles de testimonios, de historias humanas, de confesiones y anécdotas que desaparecerán y que no sé si alguien alguna vez dejará recogido en algún libro.

Porque manda narices que después de más de 20 años de internet, todavía sea más seguro y relevante dejar tu contenido en forma de libro que no publicándolo online. Hay tantas modas que pueden acabar con tu proyecto que es imposible asegurar su supervivencia fuera del mundo físico.

El que decidió cerrar su blog en 2007 para seguir contando sus historias en Twitter, ahora puede ver que resultó irrelevante todo aquel trabajo. Miles de horas de publicación que desaparecieron entre miles de millones de tuits.

Recuerdo que en aquella época se publicaban «solo» 5.000 tuits al día, normal que los creadores decidieran contar tus historias y su vida allí. No había mucha audiencia pero tampoco competencia. Ahora la cosa ha cambiado, en 2021 estamos rozando la cifra de 500 millones de tuits… al día.

Cualquier cosa que publiques es irrelevante, desaparece como una gota en el océano. Como mucho puedes tener tus 15 minutos de gloria por algún fenómeno viral. Y se acabó.

Pero es que si alguien siguió usando su blog para reflejar su vida y los momentos que le tocó vivir, tampoco ha escapado mucho mejor. La competencia por minutos de atención frente a la industria del entretenimiento hace que sea igual de irrelevante. Se salva una cosa (muy importante), que podrá seguir existiendo mientras tú sigas pagando el alojamiento de blog, lo actualices cada cierto tiempo (como hago yo, aunque prometo que lo voy a retomar un poco más ahora) y sigan vivos algunos de tus pocos lectores.

El problema está en las hemerotecas de los diarios digitales que almacenaron miles de artículos de blogueros durante los años 2000. La gran mayoría han desaparecido, todo el contenido que recogía los movimientos sociales, la llegada de las redes sociales, las críticas de los nuevos modelos económicos, la irrupción de la preocupación por el medio ambiente… Todo eso habrá desaparecido en muy poco tiempo.

¿Y qué nos quedará como materia prima para que la gente del futuro nos pueda analizar como sociedad? Imagina que sólo quedan los memes.

Bueno, ahora que lo pienso, los memes son un fiel reflejo de nuestra sociedad. Recuperamos un formato obsoleto como los gifs para reducir un concepto a su mínima expresión. Lo que no tengo tan claro es si alguien entenderá ese concepto dentro de 60 años, cuando todo el contexto haya desaparecido.

La inspiración para este post me ha venido después de descubrir en Youtube el canal Barcelona Memory, donde explican cómo era la Barcelona de antes y explica por qué la ciudad es así en la actualidad.

Me imagino que alguien hiciera algo así sobre nuestra época dentro de 90 años. No me quiero imaginar el retrato que harían de nosotros…

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