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La presión del error

Me encanta la frase «Normal es un programa de mi lavadora», porque dice mucho más de lo que se puede leer. Ser normal, encajar en unos estándares, ser lo que todos esperan… El primer paso para sentir la presión de que si cometes un error estás fuera de la normalidad.

A nivel motivacional es peor aún, porque desde pequeños les enseñamos a nuestros hijos que no podemos cometer errores, que todo se paga. La presión cada uno la lleva a su manera, pero muchas veces lo único que logramos es bloquearnos y ofrecer una versión mucho peor de lo que somos en realidad.

Me está pasando ahora con la educación de mi hija, donde descubro lo que es la presión por las notas. Ya no vale con aprobar (señal de que has entendido la materia), hay que exigir notas altas por la presión social de ser de los mejores y poder llegar a estudiar el día de mañana lo que nos guste.

Yo también soy fruto de esa presión escolar, que sin bien no fue el causante de mi fracaso escolar, sí que hizo que no disfrutase el proceso, con resultado inferiores a los que yo podía haber conseguido. Una vez más la presión ante el error hizo sacar una versión inferior a la esperada.

Con mi hija estoy intentando hacerlo de otra manera. Valorar un suspenso como algo normal también, que no es definitivo, sólo un punto más del camino. Cuando tus hijos sacan sobresalientes en las notas siempre, eso se convierte en algo normal. Entonces un suspenso se vuelve un drama, un punto traumático, eso aumenta la presión y baja el resultado final.

Lo hablaba con una amiga que acaba de terminar el doctorado en Matemáticas… Con 40 años, mientras trabaja en otra cosa. En su día no podía estudiar por la presión que le suponía sacar siempre notas excelentes, sin centrarse en que el camino del aprendizaje es mucho más que una puntuación en una prueba.

En la vida es parecido, la presión por tener mejores casas, mejores coches, ganar más, tener una posición mejor… Es una presión que muchas veces nos bloquea y nos impide llegar a ser lo que podíamos haber sido.

O peor aún, una presión que sirve de barrera para afrontar una tarea ante el miedo al error. Si estás rodeado de un ambiente donde no se acepta un error no todo el mundo es capaz de decir «yo trabajo igual bajo presión». Muchos dirán «yo paso, que si la cago me van a dar muchos palos».

Mi objetivo a corto plazo es luchar contra esa presión ante el error. Y he comenzado con mi hija, que tuvo un error, lo valoramos en su justa medida, sin presión, y que ella misma aprende a gestionar a su manera. «Es un suspenso, pero es mi suspenso. Ahora sé cuál es mi nivel y cuánto más tengo que trabajar». En el siguiente examen sacó un notable.

Imagina lo que habría sido tu vida sin esa presión, que te hubieran dejado trabajar cometiendo errores, aprendiendo de ellos, descubriendo tu nivel y creciendo a partir de ahí.

Esto te sirve para los niños en el colegio o para ti mismo que no te atreves a cambiar el horno de la cocina por miedo a cometer un error. Hazme caso, dale la espalda a la presión, olvida el miedo ante el error. Porque por cada ocasión en la que lo intentes y cometas un traspiés (con el desánimo que produce eso y la bajada de moral que acarrea) habrá otras tantas que lograrás tu objetivo y eso sí que te ayudará a ser tu mejor versión.

Te dejo que voy a cambiar el horno…

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