A veces me habéis comentado por twitter que soy excesivamente duro con algunos temas, que me sobrepaso con los más débiles. No me gustaría dar esa impresión, no he ido nunca de matón por la vida, pero si es cierto que tengo especial inquina hacia la gente que echa la culpa de su mala suerte a los demás, al entorno, a lo injusta que es la vida.

Ser débil es una opción más en la vida, como ser poco sociable, introvertido o incluso cobarde. Pero con esa actitud no puedes pretender tener lo mismo que otro que sea valiente, fuerte y muy sociable, porque no estáis poniendo los dos las mismas ganas ni asumís el mismo riesgo. Y por desgracia en esta vida sueles recoger lo que siembras, si lo haces poco sacarás casi nada. En ese momento es cuando tú le echas las culpas al gobierno, a lo malos que fueron tus padres o que en el colegio te llamaban «Dumbo» por tus orejas grandes.

Pero todo el mundo merece una segunda oportunidad, eso no significa que si algo te salió mal tengas derecho a volver a intentar la misma cuestión. A veces una derrota es una señal de que eso no estaba hecho para ti, pero mucha gente que tiene la suerte de disponer de una segunda oportunidad, vuelven a apostar al mismo número de la ruleta. ¿Y sabes una cosa? Si te gusta apostar te vas a 888-poker y te apuestas allí lo que quieras, pero en tu vida debes ser más abierto de mente, saber mirar la partida desde fuera, y comprender que un fracaso es un aviso de que no lo has hecho bien.

Yo mismo tuve la suerte de disponer de una segunda oportunidad en mi vida. Fallé en mi primera elección profesional, me di cuenta a tiempo que eso no estaba hecho para mi. Alguno en mi situación habría insistido una y otra vez, fracasando hasta acabar frustrado por no sentirse desarrollado profesionalmente. En lugar de hacer eso decidí levantarme de la mesa (figurativamente) y miré la partida de ajedrez desde fuera, y fue tan fácil ver los movimientos que necesitaba mi vida profesional que no tardé en ponerme en marcha. Y parece que no lo hice mal del todo viendo cómo me ha sonreído la vida.

Si alguna vez te has encontrado en un callejón sin salida laboral, puedes hacer dos cosas: retrocedes, tomas carrerilla y vuelves a intentar saltar el muro. O bien sales del callejón y tratas de seguir por otro camino profesional. Ambas opciones son aceptables, pero personalmente creo que cambiar el rumbo es lo más práctico a la larga, porque aumentarás tus conocimientos profesionales, doblarás las oportunidades de encontrar tu hueco en el mercado de trabajo.

Esto viene relacionado con lo que os he contado muchas veces sobre la gente con titulitis. No se dan cuenta que el mercado laboral les rechaza por algún motivo que no tiene que ver con su título. Pero ellos no lo ven, no se han levantado de la mesa todavía y no han visto la partida desde fuera. No se dan cuenta que quizá el error sea algo tan simple como su aspecto físico (eres feo de cojones o gordo como yo y quieres trabajar como Personal Trainer, pues lo tienes jodido) o que tu personalidad hace que nadie pueda trabajar a tu lado. En cambio siguen estudiando, engordando el currículo como si ese fuera su problema.

Si estás en esa situación en estos momentos te propongo algo: busca a un amigo cercano, a un familiar, a un amigo que haga mucho que no ves, a un amigo de la infancia… Y diles si ellos te contratarían como trabajador, intenta descubrir cómo te ven los demás, quizá descubras tus puntos flacos y dejes de echarle las culpas a la crisis de algo por lo que tú eres responsable y no has sabido hacer nada para remediarlo.

Publicado por cavalleto

Sátiro de nacimiento, trabajo como técnico en una multinacional de biotecnología. Escribo en este blog personal desde 2004. Aquí saco a pasear el látigo de vez en cuando.