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El exceso de información en temas de seguridad y las necesidades de poner etiquetas

He dejado pasar algunas horas de todo el jaleo mediático que ha habido en torno a las bombas de Boston. Primera matización, he dicho bombas, no he dicho atentados terroristas, ni terrorismo islamista, ni Al-Qaeda. Y este es un punto importante que muchos medios se pasaron por el forro, añadieron la etiqueta de terroristas a los dos hermanos y punto. Da igual que ni la propia ONU después de 30 años haya encontrado una definición exacta de qué es terrorismo.

En el fondo, el concepto de terrorismo es bastante sencillo: terrorismo es ejercer el terror contra la población civil. Pero EE.UU. se niega a aceptar una definición, supuestamente porque se utilizaría en su contra por razones «políticas».

Y de hecho los medios americanos no tienen ningún miramiento con esta definición: terrorista es cualquiera que ataque su país. Todo lo contrario hace la BBC británica, que evita en todo lo posible pronunciar la palabra terrorismo y terrorista. En España se bautiza como terrorista a cualquier vasco independentista, y desde el 11M cualquier musulmán que cometa un acto violento pasa a ser un terrorista islamista.

Esa necesidad de añadir etiquetas a las noticias está convirtiendo en basura a la prensa actual. En cuanto se conoció la identidad de los dos hermanos de Boston se buscó su nacionalidad, religión, ideología… Así en cuestión de 5 minutos pasaron a ser los hermanos chechenos terroristas islamistas, dejando de lado su nombre y apellido que a estas alturas poco importa. Eso sirve para poner en bandeja la forma de actuar de los servicios de seguridad americanos: disparan y luego preguntan. Y los ciudadanos de Boston y el resto de espectadores de todo el mundo aplaudíamos que se diera caza al hombre en tiempo real, con imágenes en directo y todos los detalles publicados al momento.

Desde ese momento fue todo más fácil, había derecho a disparar y no a detener, estoy seguro que muchos de los polis que estuvieron en la operación estaban empalmados por esa sensación de caza, un instinto primario que allí se conserva mucho más que aquí. Hay mucha gente que ve bien acabar con un «terrorista», pero es como matar cucarachas una a una. Otros en cambio preferimos buscar el nido de los bichos y acabar de raíz con el asunto. En esto nunca nos pondremos de acuerdo, no voy a profundizar mucho en esto.

No sé quién tomará este tipo de decisiones, pero un terrorista muerto sirve de poco. En realidad le conviertes en un héroe, un ídolo, un ejemplo a imitar por otros locos como él. Aquí en España hemos luchado contra el terrorismo de ETA durante 40 años y siempre que se ha podido se ha detenido al terrorista para sacarle (por las buenas o por las malas) toda la información que tengan en su poder. Eso te permite desmantelar cúpulas, detener a otros miembros de la banda…

Tampoco entiendo quién acepta que ahora haya tanta información pública sobre cómo actúan las fuerzas de seguridad, los sistemas que utilizan en la policía forense, etc. Por ejemplo, veo flipante que se hagan públicas las imágenes de las cámaras térmicas de los helicópteros de Boston. Es como ir entrenando a los «enemigos» para que eviten cometer errores que les permita a la policía cazarles.

Entiendo que alguien hable de transparencia, pero una cosa es que puedas identificar a un agente que se pase con el uso de la fuerza y otra es que se hagan públicas las estrategias que utilizan, las herramientas de búsqueda y captura. En realidad lo veo surrealista, es como si los terroristas publicaran un video de cómo encontraron los fallos del sistema. Eso ayudaría a las fuerzas de seguridad a corregir errores y evitar futuros atentados.

Lo dicho, es todo un disparate.

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