Mi opinión sobre la polémica con la financiación de Cataluña

He cambiado ya tantas veces de lugar de residencia que me considero un ciudadano sin patria, por eso creo que tengo suficiente independencia como para escribir mi opinión sobre la polémica que existe sobre la financiación de Cataluña.

Si, ya sé que puede resultar un coñazo volver a leer algo sobre el dichoso Estatut, pero quizás mi planteamiento te pueda aclarar un poco el tema y de paso te animes para dejar un comentario para compartir cuál es tu punto de vista sobre el tema.

Empecemos por el principio:

En España, salvo en Navarra y el País Vasco, los impuestos directos son recaudados por el Estado, que a través de la Agencia Tributaria se queda con parte de nuestros impuestos, que más tarde cede a las comunidades autónomas que tienen transferidas algunas (muchas) competencias.

Por ejemplo, con el dinero que se recauda de la Renta, más los impuestos indirectos que pagas cuando echas gasolina, compras tabaco, recargas el móvil… Todo ésto se hace un bote común y se reparte el dinero siguiendo varias ecuaciones complejas que no siempre dejan satisfechos a todas las comunidades.

Y creo que tienen parte de razón.

Me explico. Pensemos en el momento en el que alguien se plantea la posibilidad de hacer un viaje de fin de curso entre todos los grupos que forman el último curso de la carrera. Bien, una idea cojonuda, así que enseguida surge la pregunta de donde sacaréis el dinero para pagarlo.

Surgen varias ideas (venta de papeletas, cajas de mantecados, poner una barra en la fiesta de la primavera…) y unos grupos se implican más que otros, por lo que cuando acaba el periodo de «financiación» unos grupos han recaudado más dinero que el resto. Puede que los grupos que recaudaron más dinero tuvieran algunas ventajas (había muchos niños de papá, tenían enchufe con algún dueño de discoteca que les dejó el local para hacer fiestas privadas…), por eso se decide hacer una cuenta común y luego se repartirá el dinero más o menos democráticamente.

  • Echamos un vistazo a los números y vemos que la clase A ha recaudado 5.000€ entre los 50 alumnos que irán al viaje.
  • En la clase B recaudaron 6.000€ entre los 30 alumnos que irán al viaje (la mayoría eran niños pijos que recibieron muchos regalitos de algúnos amigos de sus papás).
  • En la clase C han recaudado 3.000€ entre los 70 alumnos que irán al viaje. En realidad sacaron más dinero pero muchos de ellos cogieron algo prestado, no pagaban las copas en las fiestas privadas, no vendieron todas las papeletas, invitaban a chicas para ligar y luego «se olvidaban» pagar las consumiciones…

Si hacen una caja común tendrían estas cifras:

  • 14.000€ a repartir entre 150 alumnos, lo que hace una media de 4.666€ recaudado por cada clase.

Y claro, algunos no están de acuerdo que el reparto sea equitativo cuando no todas las clases han colaborado en igual medida. Ninguna clase quiere estar por debajo de la media de los 4.666€ que se supone ha recaudado cada clase, aunque todos sabemos que hay clases que han aportado mucho más que otras.

Bien, hasta aquí mi caso que sirve de ejemplo para explicar cómo veo yo el tema de la financiación.

  • Pienso que la Clase B, la que recaudó más dinero con menos alumnos participando, se podría asociar a comunidades como Baleares y Cataluña. No son las más pobladas pero tienen una rica industria que proporciona muchos ingresos al Estado.
  • La Clase A podría representar a otras comunidades que no llegan a generar las mismas riquezas que las dos anteriores pero si que aportan grandes ingresos en forma de impuestos.
  • La Clase C, la que menos aporta pese a tener más alumnos, está claro que representa a Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y Galicia. Son comunidades donde viven gran parte de la población del Estado pero aportan pocos ingresos a la hucha común.

Bien, pues parece que cuando se hace el reparto de los fondos de financiación entre las diferentes comunidades autónomas, hay algunas que pese a aportar más que la mayoría, sus ingresos se quedan por debajo de la media.

Eso jode mucho, porque además cuando los catalanes protestan ante tal «injusticia» (algunos no lo ven así) el resto de comunidades salen en tromba para atacarles llamándoles insolidarios y peseteros (eureros suena feo).

Cómo te sentaría a ti encontrarte en esta situación personalmente? Te parecería normal/correcto/justo que cuando se repartieran los fondos recaudados para el viaje de fin de curso, a ti que perteneces al grupo que más dinero habéis recaudado, te dieran menos dinero de la media acumulada? Habría compañeros de otras clases que tendrían más dinero que tú, pese a que su aportación fue menor.

En todo caso, si por la razón que sea, alguien tiene que quedarse por debajo de esa media, no crees que deberían de ser los que aportaron menos? Es esto ser insolidario? Ummm… Pues no sé hasta que punto lo es, quizás dependa tu punto de vista del grupo al que pertenezcas, no?

Vale que podrías echar en cara que el grupo que más recaudó lo hizo porque contaba con mayores recursos, pero también es cierto que el grupo que menos recaudó fue también más anárquico, menos legal, en definitiva menos honrado, verdad?

Vale que podemos echar en cara que en Cataluña hay una industria que no se encuentra en el resto del país, pero también es cierto que en Andalucía y Galicia existe una importante economía sumergida, trabajadores que no declaran sus ingresos, que no tienen contrato ni nómina sobre la que aplicar las retenciones del IRPF… Que además reciben subsidios por no trabajar, aunque en otras comunidades tengan que recurrir a mano de obra extranjera para cubrir la demanda existente.

Como he vivido en dos regiones tan diferentes como Andalucía y Cataluña (o no son tan diferentes?) tengo amplitud de miras suficiente como para ser duro con ambas comunidades.

En Andalucía es muy habitual el trapicheo, las chapuzas sin declarar, los chanchullos para trabajar sólo lo justo como para que alcancen las peonadas y cobrar el PER el resto del año.

La gente podría pensar que es una forma de vida como otra cualquiera, pero están equivocados. Todos esos trabajos sumergidos no pagan impuestos, no generan puestos de trabajo con contratos y nóminas, no aportan ingresos a su comunidad. Los que sólo quieren trabajar lo justo para vivir el resto del año de los subsidios no saben que tarde o temprano se acabará la gallina de los huevos de oro. Que ese dinero que se están llevando por no hacer nada se podría invertir en la creación de empresas, que generen puestos de trabajo con contrato y nómina, que pagarán impuestos a su comunidad y el poder económico de su tierra mejor considerablemente.

Pero como ya dije, ésto sólo es mi opinión personal. Quizás tú que vives en una de las regiones acomodadas a las subvenciones no te importe seguir llevando el cartel de «Los más pobres de Europa» después de 23 años recibiendo fondos de la UE.

En cambio en otras regiones, jamás aceptarían ser el vagón de cola de Europa.

Quizás la respuesta ante tanta polémica sea que en España lo que hay es muchas formas de entender el amor propio. Unos lo cultivan a diario, intentado mejorar, progresar, luchar día a día, mientras que otros no conocen el significado de amor propio, no les importa vivir de la sopa boba, no conocen el esfuerzo, no corren riesgos y siempre echan la culpa de todo a los demás.

Sinceramente, ahora que vivo en Cataluña soy más consciente de este cambio de filosofía y si os soy sincero, prefiero vivir en una tierra donde la gente se levanta a las 6:00h para buscarse las habichuelas, donde los cuatro duros que ahorran los invierten en montar un negocio sin importarles que les salga bien o mal, que se esfuerzan por tener cada día más dinero, mejor posición social, más independencia personal…

Me he criado en otra tierra donde la gente se levanta a las 6:00h, trabaja lo justo para sacarse cuatro duros con los que comer y poco más. Que los cuatro duros que ahorra se los gasta en juergas, fiestas y romerías, que no tienen ansias de mejorar su situación socioeconómica, no tienen independencia porque siempre están pendiente de donde conseguir la próxima subvención, la famosa «paguita» que todo el mundo sueña algún día tener, y como mucho llegar a ser funcionario y que el papá Estado te pague sin falta a final de cada mes.

Tenemos todavía mucho que aprender unos de otros. Mucho.

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