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Christopher Paolini: un genio del método Montessori

Para los amantes de la literatura de ciencia-ficción no tendría que perder el tiempo explicando quién es Christopher Paolini, pero para el resto de vosotros si que os puede resultar interesante conocer un poco más a este chico.

Si te digo Eragon seguro que conoces la película, pero tal vez no sepas que está basada en una novela escrita por Paolini… con 15 años!!!

Ya se pone más interesante el tema, verdad?

Pues la vida de este chaval todavía es más curiosa, porque nunca fue a la escuela, su madre era una ferviente defensora del Método Montessori y lo puso en práctica con sus dos hijos, desde casa y sin acudir nunca a un centro de enseñanza.

Tirando un poco de mis apuntes de la facultad, recuerdo que el Método Montessori (también llamado Método de Pedagogía Científica) al principio suena a libertinaje educativo (el niño hace siempre lo que quiere) pero que en la práctica obtiene mejores resultados que la educación tradicional:

Volviendo al talento de Paolini, sólo tienes que leer sus propias declaraciones sobre qué ha hecho en los últimos 2 años y medio, para comprender que éste método desarrolla personas constantes, amantes del esfuerzo y muy disciplinadas:

Desayunar, escribir hasta la cena, una hora de deporte y a la cama.

Ahora dime tú qué adolescente es capaz de cultivar su talento con esta constancia, sacándole un provecho que le ha permitido ganarse la vida con algo que le gusta y además se le da bien (tan bien como para vender 15 millones de libros).

Mi hija sólo tiene 5 meses pero siempre intento que tenga algo que le despierte la curiosidad, que estimule sus sentidos, procuro dejarla que los explore, que los tire, los muerda… Sólo hay que cuidar qué tipo de juguetes puede utilizar (que no corra peligro) y luego dejarla que ella descubra y aprenda por su cuenta.

Tampoco digo que voy a educar a mi hija en casa, por mi cuenta, siguiendo el método Montessori o cualquier otro método, pero voy a procurar completar todas las carencias del método tradicional para que nada impida desarrollar todo su potencial.

Recuerdo que en la facultad estudiamos todos los métodos de enseñanza y algunos sonaban a cuentos de fantasías, pero el caso es que teníamos un compañero educado con métodos alternativos y siempre fue de los que mejores notas sacaba, tenía un expediente inmaculado, había superado con buena nota las pruebas comunes (selectividad) y acabó la carrera curso por año.

Quizás ha llegado el momento de apostar por estos métodos alternativos como medio para combatir el fracaso escolar. Después de leer que estamos a la cola de Europa en las pruebas de conocimiento de todas las asignaturas y en todos los niveles del sistema educativo, está claro que cualquier alternativa puede ofrecer mejores resultados.

Qué tal si invirtiéramos en los centros de enseñanza, dotarlos de todo el material didáctico necesario, que nunca más haya que compartir un libro porque no hay para todos, que nunca falta material deportivo, que las aulas estén equipadas con todo lo necesario para convertir una rutinaria clase de ciencias en una experiencia inolvidable (cuanto habrá que esperar para que pongan proyectores de video en todas las aulas?).

Durante mis prácticas de maestro siempre eché en falta poder usar un ordenador y un proyector para explicar mis clases con diapositivas hechas en Powerpoint, donde incluiría fotos, videos y audios que permitan hacer atractivas las clases a unos alumnos que fuera del colegio todo lo aprenden a través de una pantalla: móviles, consolas, tv, internet, cine. En cambio seguimos vetando el uso de pantallas en las aulas.

Me parece muy bien los proyectos de portátiles baratos para todos los alumnos, pero veo más importante dotar al maestro/profesor de los medios que le permitan explicar de la mejor manera posible todos los conocimientos que pueda enseñar a sus alumnos.

Un abrazo a los maestros que sólo usaban la tiza para explicar en clase, a los que te pegaban con la regla si hablabas en clase, a los que te cogían de la oreja por no hacer los deberes y a los que te castigaban al rincón por no haberte aprendido la lección.

Algunos dicen que eran maltratadores, lo que está claro es que prefiero a aquellos maestros que a los pusilánimes que pueblan hoy nuestras aulas, profesionales infravalorados, despojados de toda autoridad, menospreciados por la sociedad y condenados a la dejadez profesional (si no quieren aprender pues que no aprendan).

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