La fotografía del domingo – IX

Hoy os dejo un retrato de nuestro perro Bug, un schnauzer de 8 años que es más bueno que el pan. No sé si otro perro habría tenido tanta paciencia con la llegada de la niña.

Como agradecimiento le dedico este post con un retrato donde sale con su aspecto habitual, una oreja tiesa y la otra caída (con el intermitente puesto, como le digo yo):

Nos habían hablado mucho de los celos que suelen coger los perros cuando llegan bebés a casa. Hemos puesto mucho cuidado en no «ofenderle».

Por ejemplo, cuando venía a olisquear a la niña no le reñíamos, todo lo contrario, le hacíamos mimitos para que asociara la niña con algo bueno. De todas formas no se atrevía a acercarse, le daba miedo el cochecito y el llanto del bebé.

En cambio tenemos unos vecinos que lo primero que hicieron cuando tuvieron un nieto es hacerle un cercado para dejar encerrado al perro. Cómo crees que reaccionará ese perro? Pues fácil, asociará que cuando llegue el nieto a casa para él será como un castigo, ya que lo meten directamente en el cercado. Que no se extrañen los vecinos si dentro de un tiempo el perro ataca al niño. Es una situación que ellos mismos han fomentado.

Yo nunca he tenido perro y con Bug he ido aprendiendo lo que es tener una mascota. Aunque ya estaba adiestrado y no molesta lo más mínimo. Sólo rasca la puerta cuando quiere salir al jardín ha hacer un pis y te rasca la pierna o te ronronea cuando tiene hambre. Así cualquiera se acostumbra a tener un perro, es lo más parecido a una mascota con libro de instrucciones jejeje.

Os decía que hemos puesto cuidado para no despertar celos en Bug, de hecho he observado que él mismo evita en la medida de lo posible estar cerca de la niña. Dice mi mujer que es porque tiene miedo de hacerle daño y que nosotros nos enfademos (joder, yo no sabía que los perros son tan inteligentes).

Poco a poco le hago que se acerque más a Anna. Por ejemplo, estoy con la nena sentada en mis rodillas y le digo a Bug que se suba al sofá. Él se sube, olisquea a la niña y se baja de nuevo. Cada día consigo que aguante más tiempo subido al sofá con nosotros, parece que va cogiendo más confianza con la niña (es lo que queremos). Anna se ríe cuando ve al perro, le coge de la cola y le da tirones de los pelos, el perro el pobre aguanta sin rechistar, por eso digo que es más bueno que el pan.

También nos ha hecho gracia que durante las fiestas del pueblo han tirado muchos cohetes y el perro se caga de miedo con el estruendo. Antes se venía a nuestra habitación y se subía a la cama temblando de miedo. Este año lo hemos visto unas cuantas veces en la habitación de la niña, rascando la pata de la cuna.

Creo que Bug ya ve a Anna como otro humano que puede protegerle de los cohetes. Es una reacción que me ha hecho mucha ilusión, no sé cómo explicarlo, pero parece que hemos hecho bien el trabajo de integrar a nuestro perro con nuestra hija.

Publicado por cavalleto

Sátiro de nacimiento, trabajo como técnico en una multinacional de biotecnología. Escribo en este blog personal desde 2004. Aquí saco a pasear el látigo de vez en cuando.