Por qué no necesitas comprar un smartwatch ahora

Por qué no necesitas comprar un smartwatch ahora

Hoy leerás muchos posts relacionados con la salida al mercado (en España) del Apple Watch. Como siempre que Apple lanza algo al mercado los usuarios se posicionan entre fanboys y haters, entre los que sólo ven ventajas y los que piensan que es pura basura. A estas horas seguro que ya has leído varios de esos posts, donde se enumeran las ventajas de tener un reloj inteligente hecho desde el punto de vista de Apple, capaz de revolucionar la tecnología en cada gadget que lanza al mercado.

Este post lo puedes meter en la lista haters aunque la verdad, es un post realista, basado en la experiencia de uso y que analiza lo que ofrece hoy en día un dispositivo como este, las necesidades que tenemos y si son capaces de satisfacerlas, pasando por encima de parámetros tan subjetivos como el precio. Y que conste que hace ya dos años que pienso que estos dispositivos saldrían de forma masiva al mercado, pero algo sigue verde, muy verde.

¿QUÉ OFRECE UN SMARTWATCH HOY?

A los de mi generación le pilló la informática en forma de pequeños ordenadores como los Spectrum Sinclair, Commodore, Amstrad. Podías jugar de forma básica y descubrir lo que era programar. Pero sin conexión a internet eran dispositivos muy limitados, muy básicos. Hoy ni los niños más pequeños usarían algo así.

Yo sufrí un fuerte rechazo hacia ese tipo de informática, mi experiencia con Spectrum tiene ahora más de nostalgia que de otra cosa. Tuve un Spectrum Sinclair II y no le saqué ni el 50% de rendimiento. No tuve feeling, no me gusta picar código y no tenía paciencia para escribir docenas de páginas y que un simple error al escribir una orden me jodiera todo el trabajo. Abandoné los ordenadores hasta muchísimos años después, cuando ya estaba el Pentium III en el mercado.

Los que hoy se animen a comprar un smartwach pueden tener una experiencia similar, puede que acaben dando la espalda a esa tecnología porque es inmadura, incompleta y quizá no cubra ninguna necesidad actual.

Partimos de la base de que un reloj inteligente no es independiente, necesita de la nave nodriza de un Smartphone. Es decir, requiere una inversión económica considerable. Parece poca cosa, pero para mucha gente ya es un esfuerzo considerable adquirir un iPhone 6 como para añadirle el coste de un reloj por 400 euros más. Si algo bueno tuvieron los móviles fue que te daban independencia de un ordenador de escritorio, internet y todas las apps iban en tu bolsillo, dándote libertad absoluta. Con un smartwatch no tienes todavía esa experiencia.

Mi experiencia con estos dispositivos ha comenzado con un modesto Pebble, un smartwatch nacido de un proyecto Kickstarter que recaudó diez millones de dólares y que ya ha lanzado su tercer modelo. Su filosofía es algo diferente a la de Apple, Samsung, Motorola y el resto de fabricantes. Su función es más como una pulsera que monitoriza tu actividad física con un excelente sistema de notificaciones. Poco más.

Tienes cientos de apps, pero la mayoría son muy poco productivas por las limitaciones de la tecnología que utiliza el Pebble. Al final lo acabas usando para recibir en tu muñeca los avisos de cuando te llega algún mensaje en redes sociales o un correo. Lo puedes leer, borrar y contestar de forma abreviada usando las respuestas modelo programadas.

¿POR QUÉ NECESITO UN SMARTWATCH?

Buena pregunta. Yo tenía claro qué buscaba en el Pebble cuando lo compre: un notificador de mensajes para no tener que sacar del bolsillo el móvil en el trabajo. Además le doy uso como monitor de actividad física, controlar Spotify en el móvil, despertador inteligente (adaptado a mi ciclo de sueño) y poco más. Como decía hay muchas apps, pero en realidad son pantallas de lo que sucede en tu móvil. En la vida se me ocurría usar el reloj para contestar una llamada, ni para hacer fotos, no lo necesito. Pero si que buscas un asistente que te ofrezca la información más primordial, que no requiera tu atención a menos que sea necesario (aquí hay mucho por hacer, sistemas que filtren como Inbox de Gmail las notificaciones y te avisen de sólo las importantes).

Ahora mismo si te compras un Apple Watch es como si te pusieras un iPhone 1 en la muñeca. Tienes las mismas limitaciones y la madurez de la tecnología es similar. Falta todavía muchísimo para que compense tener algo así en la muñeca.

Y no entro en analizar algo tan fundamental como la personalización de los relojes. Los smartwatches incluyen pulseras de recambio para personalizarlos, pero al final todos llevaremos lo mismo en la muñeca. En la actualidad hay miles de relojes diferentes que te sirven de complemento de moda e incluso te dan algo de personalidad. Eso se puede ir perdiendo cuando lo único que cambie sea el color de la correa.

¿POR QUÉ USAREMOS TODOS UN SMARTWATCH EN EL FUTURO?

Por la misma razón por la que hoy todos usamos un Smartphone. Pero para que llegue ese momento todavía faltan algunos años. Y porque cada vez usaremos menos la opción de teléfono de nuestro smartphone y más otros sistemas de comunicación. Necesitaremos un dispositivo que no nos haga esta sacando a cada momento el móvil del bolsillo, pero que no sea sólo una pantalla de notificaciones.

Y no sólo por eso (al final es una tontería relacionada con la comodidad), también porque llevaremos en la muñeca el dispositivo más potente que hayamos tenido nunca. Un ordenador en miniatura pero que no intente ser otro mini PC como fue el móvil. Tendrá aplicaciones avanzadas que nos acompañe todo el día, ya sean con fines médicos, profesionales o por puro entretenimiento.

Imagina un smartphone sin necesidad de tener que sujetarlo con la mano, que no importe el tamaño de la pantalla y que se adapte a tu uso diario. Eso será el futuro del smartwatch, pero el presente es todavía muy inmaduro. Si te lo compras no hace falta que pongas excusas, lo haces por la novelería, no por el uso intensivo que le vas a dar.

Sense8: La serie que ha devuelto a la vida a los hermanos Wachowski

Sense8: La serie que ha devuelto a la vida a los hermanos Wachowski

Para explicar de qué va la nueva serie “Sense8” no queda más remedio que explicar quienes son los hermanos Wachowski y qué ha pasado en sus vidas en los últimos 10 años. En 1999 revolucionaron la historia del cine con “Matrix“, para algunos una película sobrevalorada, pero la realidad es que cambió tanto al industria como en su momento lo hizo “Star Wars” o “El Señor de los Anillos“.

Pero los Wachowski insistieron en la misma fórmula demasiado tiempo, eran unos maestros de las secuencias de acción y artes marciales, aunque les faltaban buenos guiones. Al acabar de exprimir la trilogía de Matrix, decidieron apostar por un cómic fabuloso, “V de Vendetta” y gracias a la historia que era un regalo y su experiencia en las secuencias de acción, el resultado fue otra obra de arte. El problema es que se quedaron sin ideas, dando palos de ciego (infumables fueron “Speed Racer“, “El Atlas de las Nubes” o “El Destino de Júpiter“).

Todo coincidió con el cambio de sexo de Larry, ahora Lana, que desde 2003 comenzó un proceso de transformación, confirmado públicamente en 2012. Todo ese tiempo de transformación se nota en el cine de los Wachowski, aunque ahora viendo Sense8 se entiende mucho más, está llena de referencias autobiográficas y apuesta una vez más por recuperar la “New Age” de su película “El Atlas de las Nubes“. Si viste aquella película recordarás que eran seis historias entralazadas a través de los siglos, seis personajes que compartían sentimientos y roles en la vida. Pues parece que en “Sense8” han querido seguir explorando ese sendero, para mi muy pasteloso y ciertamente aburrido.

Pero mejor empezar por lo más fácil, explicar de qué va la serie. Pues Sense8” es una expecie de “X-Men” sensoriales, aunque las cualidades de cada uno les confieren algo así como poderes (expertos en lucha, hacking, explosivos, armas, conducción…). Durante los primeros episodios 8 personas de cada rincón del planeta descubren que tienen algo como visiones, pueden contactar con otras personas, pero no sólo verles, también hablar con ellos e incluso trasladarse al sitio donde están. Luego descubren que es algo más profundo, más sensorial, compartiendo lo que sienten entre los ocho (eso da mucho juego con momentos cómicos y otros muy sexuales). Son una especie de humanos evolucionados que comparten una misma mente.

En el grupo hay un policía, un activista del hacking, una Dj, una experta en peleas de kickboxing ilegal, una química, un experto ladrón de cajas fuertes, un conductor de los suburbios de Nairobi y un actor muy sensual. A lo largo de la serie se intercambiarán los “poderes” en momentos claves, creo que el futuro de la serie va por esos derroteros, una especie de comando preparado para todo.

Aunque me cansó demasiado cómo quisieron explicar la personalidad de cada uno, se extendieron demasiado hasta hacerlo cansino. Que todos tenemos sentimientos es obvio, que a veces sufrimos cambios de humor sin conocer los motivos, también. Esta serie intenta dar una explicación a esos momentos, pero todo muy espiritual y no del todo bien resuelto. Se presentaron los ocho personajes como ocho historias, ocho dramas personales, pero por algún motivo que no acabo de entender, a mi al menos me pareció mal resuelto.

De hecho si algo me ha sobrado (mucho) en “Sense8” ha sido la insistencia en el mensaje que quiere transmitir Lana Wachowski. Su apoyo al colectivo LGBT se hace presente en la primera mitad de la serie, en exceso. Su autorretrato se oculta en la pareja que forman Nomi y Amanita. Nomi es una transexual con pasado de delincuente hacker y su pareja lleva un peinado similar al que luce la propia Lana Wachowski. La realidad es que la actriz que interpreta a Nomi es Jamie Clayton, transexual en la vida real.

El elenco me parece muy correcto, creo que hay grandes descubrimientos para el público general en los personajes que han construido Tuppence Middleton (Riley), Max Riemelt (Wolfgang) o Doona Bae (Sun), aunque en su mayoría son actores que ya han trabajado con los Wachowski en anteriores proyectos. Destaco también a Miguel Ángel Silvestre (Lito) que explota una vis cómica magnífica y es de los mejores en su papel.

Los puntos fuertes de la serie son sus localizaciones, el montaje, la música y sus escenas de acción al más puro estilo Matrix. De alabar también su arriesgada apuesta por las escenas de sexo, en su mayoría gay, pocas veces vista en la series más populares, pero siempre presente en los proyectos de Netflix.

La serie ha sido rodada en San Francisco, Chicago, México DF, Islandia, Berlin, Mumbay, Nairobi y Seúl. El montaje de algunas escenas de acción combina planos rodados en varias de estas ciudades, con la dificultad técnica que eso supone. Esto es un punto fuerte, a ver qué otra serie conoces que haya grabado una persecución en coche en las calles de Nairobi o una huida en ambulancia por las montañas de Reikiavik grabada desde un helicóptero.

Por desgracia la serie es irregular, varían mucho de unos capítulos a otros, aunque los que mantienen el listón alto son motivo suficiente para que “Sense8” sea una recomendación acertada. Las escenas más tórridas están grabadas con mucho gusto, las escenas de acción recuerdan a algunas de Matrix:

Por último (no he querido hacer spoilers) te recomiendo estas dos webs sobre la serie:

Sense8 Linked

Capheus Tumblr

Le falta mejorar en los diálogos (densos y aburridos) para ser una serie sobresaliente, pero veremos qué nos traen en la segunda temporada, si son capaces de mantener o subir el listón. La mejor frase de la primera temporada:

Life is just five things: eating, drinking, shitting, fucking… and fighting for more.

Así imagino el final de Mad Men

Así imagino el final de Mad Men

– CONTIENE SPOILERS –

Hasta mi mujer me ha dicho ya en alguna ocasión que no entiende cómo me gusta tanto Mad Men, que no me pega para nada, ni por la historia ni por el estilo. Pero no puedo encontrar la respuesta fácil para explicarlo, así que prefiero dejarlo por escrito, de paso me lanzo a predecir cómo será el final de Mad Men, o al menos cómo me gustaría que fuera.

Los más fans de la serie tenemos un punto en el horizonte: los títulos de créditos iniciales. Donde vemos a la silueta de Don Drapper cayendo desde un rascacielos. Parece evidente la relación entre la trama de la serie y ese descenso en la vida de Drapper. Pero el personaje renace mil veces, justo cuando más perdido se encuentra, aparece algo que le devuelve la ilusión y la energía para demostrar su poderío de macho alpha.

Reconozco que cuando alguien me pregunta sobre una serie para ver, pocas veces recomiendo Mad Men. Después de ocho años entiendo que es una serie diferente, no gusta a todos los paladares, porque en realidad la trama no deja de girar siempre en torno a lo mismo, el personaje de Don Drapper, que sigue siendo un misterio después de siete temporadas donde se explica su vida actual y su pasado.

Y lo curioso es que si empiezo a compararla con otras grande series veo que no tiene los diálogos de The Newsroom, ni las grandes interpretaciones de House of Cards, ni recrean una atmósfera como lo hizo Breaking Bad… Aún así logró algo difícil: crear un estilo.

Y ahora es cuando me mojo para imaginar cómo será el último capítulo de Mad Men. Creo que Don Drapper se suicida, salta de espaldas desde la azotea del nuevo edificio donde están las oficinas de McCann Erickson. Soy de los que piensa que tras ocho años por fin comprenderemos que el final de la historia lo conocíamos desde el primer día.

Los motivos que llevarían a Drapper a hacer algo así creo que serían varios, pero el más importante es que ahora es sólo uno más. Era un mirlo blanco, pero ya le han cazado. En aquella sala de reuniones, cuando se reúnen todos los directores creativos con el tipo de las cervezas Budweiser para lanzar la nueva cerveza light (S07E12), se dio cuenta que era uno más, por eso abandonó la sala.

El pájaro necesitaba volar libre de nuevo, pero lo hizo sin rumbo, llegó tarde a ver a su hija, descubre que ya no pinta nada en la vida de su mujer, la cual ya ni le odia ni le guarda rencor, así que empieza a navegar sin rumbo fijo. Primero trata de localizar a la camarera con la que tuvo un escarceo, sin suerte esta vez. Para acabar con el símil del pájaro que necesita volar libre, así acabará con su vida, volando desde el rascacielos.

El resto de personajes no han logrado cautivarme, para mi todos son prescindibles y la serie no perdería ni una pizca de su valía. Eso si, parece claro que Roger Sterling ha visto en la boba Peggy Olson a la nueva Don Drapper. Será la siguiente que reciba un empujón para dar el salto definitivo.

Así me gustaría que terminase la serie, ahora queda esperar al 17 de mayo. Si quieres puedes dejar en un comentario cómo te gustaría que acabase la serie con más estilo de la historia.

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La orquesta del ejército sueco versionando a Swedish House Mafia

La orquesta del ejército sueco versionando a Swedish House Mafia

El tema “Don’t you worry child” de Swedish House Mafia es una maravilla, tiene tantos covers en Youtube que puedes pasar una tarde entera escuchando versiones diferentes. Las hay acústicas, otras a capella, pero esta que acaba de salir es espectacular. Se trata de la Royal Swedish Army Band, que hace un par de días dejó con la boca abierta a los espectadores con su propia versión del tema. El resultado es fabuloso, disfrútalo:

Actualizo

Vaya, parece que esta banda guarda muchas más sorpresas. Después de este cover encontré otro del tema “Euphoria” de Loreen que tampoco está nada mal.

Los Ninis y la generación del Rincón del Vago

Los Ninis y la generación del Rincón del Vago

No existen recetas mágicas, no podemos encontrar una explicación simple a un problema complejo, pero en el caso del paro juvenil al menos deberíamos tratar de no alimentar el victimismo de los protagonistas.

Ayer leí un tuit de @JorgeGalindo que decía así:

No pude dejar de contestarle esto:

cuando un adulto se equivoca tiene que asumir responsabilidades. Si elegiste mal la carrera, ahora asume las consecuencias. Si tu familia te convenció, que no se queje de tener ahora al niño en casa hasta los 35.

Menos dramas y más afrontar los problemas buscando soluciones. Lamentándose y buscando un culpable imaginario no llegarán lejos.

Es cierto que ese millón y pico de jóvenes no se pueden incluir todos bajo la etiqueta de “Ninis”, hay muchos que ya han terminado su etapa educativa y siguen sin encontrar una oportunidad laboral. Pero es ahí donde creo que se está alentando el victimismo, cuando la realidad es otra, diferente de lo que se empeñan en mostrar, donde somos culpables todos, la sociedad, el Gobierno y los jóvenes. Pero como diría Dexter, “vayamos por partes”.

La burbuja de la educación universitaria

Los que nacimos ya en democracia hemos crecido en una sociedad que luchaba por romper aquel viejo lema de que “el hijo del obrero no puede ir a la universidad”. Y los sucesivos gobiernos han ido devaluando los programas formativos hasta convertir un título universitario en un simple papel, carente de valor, porque buscando la “democratización” del acceso a la educación superior, crearon una burbuja de “titulitis” que explotó ya hace años.

Una titulación universitaria era algo difícil de conseguir, en primer lugar por el elevado nivel académico, siendo el tema económico menos relevante. Con la llegada de la democracia y las becas universitarias, el acceso aumentó, pero se mantuvo el nivel de exigencia académica. Eran muchos los que dejaban la carrera al segundo año porque no tenían nivel suficiente. Esa fue la generación de nuestros hermanos mayores, la que hoy en día ocupan los puestos de dirección de la mayoría de empresas.

Luego llegó mi generación, la que tuvo el acceso a la educación universitaria más “barato” de la historia. Cualquiera podía acceder porque las notas de corte tras selectividad bajaban en picado. Se crearon facultades en todas las grandes ciudades, ya no se exigía un buen expediente académico, bastaba con pasar el corte y ya estabas dentro. Siempre hubo excepciones, titulaciones que vivieron su particular especulación, como Fisioterapia, Odontología, Enfermería o Medicina. Estoy seguro que no soy el único que tiene un amigo enfermero que se tuvo que ir a Inglaterra o a Portugal a buscar trabajo porque aquí no había.

Aquello fue surrealista. Las universidades pedían una nota elevada para acceder a una titulación que luego no te permitía encontrar trabajo. Pero eso no era lo peor, con otras titulaciones se bajaron tanto las notas que cada año había 500 nuevos titulados saturando su mercado laboral. Literalmente explotó la burbuja de los títulos universitarios.

Si lo piensas bien, un universitario ha costado mucho dinero público en formación. Lo mínimo es que la sociedad recibiera a cambio su fuerza de trabajo como especialista. La realidad es encontrar a licenciados ocupando puestos para los que no se requiere formación, dejando sin trabajo a los que no tuvieron acceso a la universidad. Es surrealista, la pescadilla que se muerde la cola. Universitarios que trabajan en puestos que deberían ocupar los jóvenes sin formación, que tienen derecho a labrarse un porvenir laboral.

La titulitis

Hace tiempo escribí aquí sobre aquel tipo que se hizo tan famoso por su carta en Facebook, que se lamentaba que siendo universitario con dos carreras y estaba limpiando baños en Londres. Recibí muchas críticas por aquel post, la gran mayoría positivas (puedes leerlo aquí). Pues sigue siendo vigente ese argumento, porque dentro de ese 20,5% de jóvenes que ni estudian ni trabajan hay muchos que eligieron la formación equivocada. Alguien les engañó haciéndoles creer que tenían derecho a trabajar “de lo suyo”, sin importar si habían estudiado Ingeniería o Psicología.

Ahora se sienten estafados, no llegó su ansiado trabajo pese a que ellos terminaron su carrera. Y claro, como hay carreras cuyo nivel de exigencia es tan bajo que cada año se diploman más y más alumnos, ellos mismos acaban saturando la demanda de trabajo que supera con creces la oferta real.

En cambio hubo miles de jóvenes, los tontos de la clase, que en lugar de ir a la facultad tras acabar COU, se decantaron por volver al instituto y conseguir un título de Formación Profesional. Lograban un oficio que les daba otra oportunidad de acceso al mercado laboral, antes incluso que los que seguían en la universidad.

Pero claro, a tu madre eso de que su hijo hiciera FP, como los tontos, no le gustaba ni un pelo. Su hijo tenía que ser Abogado como su abuelo. El hijo consiguió el título a base de repetir, repetir y aprobar a base de copiar trabajos de “El Rincón del Vago”. Finalmente tuvo su título de abogado, pero no encuentra trabajo, lógico. Como él hay miles, sin un nivel digno para acceder a la realidad que necesita el mercado laboral.

Ahora te ríes, pero estamos recogiendo lo que sembramos durante los 90’s. Miles de universitarios que lograban aprobar sin estudiar ni aprender algo tan fundamental como el trabajo bibliográfico.

La dependencia emocional y económica

Estoy seguro que a ningún Nini le gusta seguir viviendo todavía en casa de sus padres, pero ese es el primer problema, que saben que siempre podrán quedarse a vivir en esa casa. No empezamos a asumir responsabilidades hasta muy tarde, aquí un tío de 30 años sigue sin saber lo duro que es llegar a fin de mes, pagar el alquiler, la comida, los gastos de una casa… Le gustaría poder hacerlo, pero no sabe. Su familia no ha sabido darle el empujón que los pájaros le dan a sus hijos en el nido, ya sea por excesivo afecto o porque el ego sigue destrozando a más de una familia. Los jóvenes siguen manteniendo sus mismos círculos de amistades, no experimentan el hecho de poder empezar de cero en un nuevo entorno, reinventarse, escribir su propia historia.

Si, el ego. Eso es lo que mantiene a un gran porcentaje de ese 20,5% de jóvenes que ni estudian ni trabajan en su situación. Hay tanta gente deseando trabajar de lo que sea como gente que no está dispuesta a renunciar a un trabajo “de lo suyo” y que ni se plantean comenzar de cero en otro sector laboral.

Hoy mismo lo comentaba con un compañero de trabajo que vivió algo parecido a lo que yo tuve que vivir. Acabar una formación superior para descubrir que no era ese el camino correcto. Pero en nuestro caso nos reinventamos, empezamos desde cero otra vez, cambiamos de sector y ahora podemos disfrutar de un trabajo estable, bien remunerado y en una multinacional biotecnológica.

Yo le dije a mis padres que quería trabajar de lo que fuera a los 16 años. Pronto me salió trabajo de camarero en verano, pero su primera respuesta fue: – “Mi hijo no va a trabajar sirviendo mesas, que tu padre no se merece eso”. No culpo a mi familia, era una mentalidad extendida en esos tiempos. Mis padres habían trabajado duro para tener un nivel de vida cómodo y holgado. A ellos si les sirvió la titulación universitaria para alcanzar un estatus superior a nivel socioeconómico, normal que quisieran lo mismo para sus hijos. La realidad es que al final todos tuvimos una titulación universitaria y ninguno trabaja “de lo suyo”.

Las soluciones

Muchos de esos Ninis son veinteañeros universitarios con muy poca experiencia laboral. Ha perdido miles de horas de trabajo, su formación no pasa más allá del nivel de aprendiz, cuando a su edad ya debían estar obteniendo el reconocimiento de maestro.

Si te encuentras en ese callejón, donde no logras trabajar “de lo tuyo”, la alternativa se llama formación profesional. Busca un oficio y lábrate una carrera. No todo se acaba buscando trabajo en la administración ni siendo funcionario. Pero cuenta que con casi 30 años tendrás sólo un título sin experiencia, no será fácil la incorporación al mercado laboral, pero al menos sabrás un oficio con el que ganarte la vida e incluso poder montar un negocio.

Cuando tenía 14 años mi padre decía que siempre harían falta fontaneros, pero él quería que su hijo fuera médico. Hoy seguro que muchos de aquellos que eligieron ser “fontaneros” hoy agradecen haber elegido un oficio antes que soñar con ser el médico del pueblo.

Y sobre todo, cuando un adulto se equivoca tiene que asumir responsabilidades. Si elegiste mal la carrera, ahora asume las consecuencias. Si tu familia te convenció, que no se queje de tener ahora al niño en casa hasta los 35.

Menos dramas y más afrontar los problemas buscando soluciones. Lamentándose y buscando un culpable imaginario no llegarán lejos.

P.D: El fenómeno Nini no es exclusivo español, puedes buscar más información sobre el síndrome “Failure to launch.

Cuñados 2.0: Los difusores de bulos

Cuñados 2.0: Los difusores de bulos

Hoy toca dedicarle un rato de escritura a todos esos cuñados, reales y virtuales, que tenemos a nuestro alrededor. Pero empecemos por definir el concepto de “cuñado”, porque en pocos años se ha transformado en una definición donde catalogar a muchos de tus amigos y conocidos. Y qué mejor manera que recurrir a Yahoo Answers donde todas las preguntas tienen respuesta:

qué es un cuñado

Esta chica pregunta qué es un cuñado como si fuera una enfermedad que le impida pedirle salir a su profesor, y aunque al principio me reí un poco (vale, me descojoné un rato) en el fondo creo que la pregunta va perfectamente encaminada porque ser cuñado es como tener una enfermedad.

El fenómeno cuñado no es nuevo, siempre hemos tenido a un amigo más o menos fantasma (ejem, ejem) que sabía de todo, conocía a todo el mundo y sabía la respuesta a todas las preguntas. No confundir con el concepto empollón, porque el cuñado tiene algo especial: habla siempre de oídas. Le basta captar una simple conversación de alguien que explique lo que sea, para convertirse a continuación en un doctor en dicha materia.

El santo patrón de los cuñados en España es el locutor Carlos Herrera, y ese es el motivo por el que me animo a publicar este post. Hace unos días anunció que deja Onda Cero después de 15 años demostrando su maestría como cuñado. Encontrarás a poca gente en este país que sepa más de todo, un experto en copla, en ferrocarriles, derecho internacional, armamento nuclear, enfermedades tropicales… Y siempre se ha sabido rodear de un grupo de contertulios rancios a más no poder, que compartían un elevado nivel de cuñado. Lo mismo te analizaban un resultado electoral que critican la decisión del BCE sobre el abaratamiento del precio del dinero.

No se puede ser más cuñado que llevarse al Rey a Sevilla para explicarle todo el mundo capillita.

No se puede ser más cuñado que llevarse al Rey a Sevilla para explicarle todo el mundo capillita.

Pero esto no sería un problema si no fuera porque los cuñados quieren ser los tertulianos del mundo real, quieren saber opinar de todos los temas, pero cuando digo saber me refiero a que quieren saber más que cualquier ciudadano de a pie. Es una especie de autoengaño, de autoexposición al ridículo, pero por mucho que le den lecciones no cambian en su actitud. Antes podía colar, de hecho los primitivos cuñados leían el Reader’s Digest como si fuera su Biblia, y quedaban como dios cuando salía cualquier tema en la tertulia. Luego llegó internet, la Wikipedia… Y le jodieron la “exclusividad”.

En las redes sociales todos somos tertulianos y dejamos salir al cuñado que llevamos dentro. Sólo hay que observar lo que llega a escribir la gente tras una noticia de impacto. Escuchan un comentario en la radio y desde ese momento se convierte en dogma sobre el que construir todas sus creencias. Da igual si es falso, de ahí no le vas a mover.

Son especialistas en difundir noticias falsas porque no les importa contrastar lo que les llega. Quieren ser los primeros en provocar la viralidad, ser el altavoz que transmita “la verdad”, por eso son carne de cañón para las conspiranoias y las magufadas (que levante el ratón quien no haya tenido a un cuñado explicándole lo maravillosas que eran las pulseras Power Balance).

El problema más serio llega cuando son capaces de construir todo un argumentario basándose en dos programas de televisión que hayan visto o tras escuchar una tertulia radiofónica. Ni contrastan las fuentes ni se preocupan por encontrar esa información en otro sitio. Esa información ya está en su cabeza y su misión en esta vida es difundirla, aumentada y mejorada. Lo malo es que muchas veces se meten en charcos porque difunden bulos y mentiras, lejos de rectificar como mucho borrarán los tuits y poco más. Ojo, que como te atrevas a desmentirles lo mismo hasta te muerden. No, no corren tanto para avisar que lo que ellos están contando es falso, eso hace perder karma cuñado.

Dejé de escuchar a Carlos Herrera el día que descubrí cómo sus tertulianos difundían tres bulos en una misma mañana. Eran temas muy serios, sólo recuerdo uno de ellos que pretendía atacar a Jordi Basté, el líder de las ondas en Cataluña. Un tertuliano juraba y perjuraba que Basté daba cada mañana los buenos días a los catalanes diciendo algo así: “Buenos días, arriba que hay que trabajar para mantener a los vagos Andaluces”. Y el resto de tertulianos, lejos de escandalizarse se lanzaron a criticar al locutor catalán. Ninguno se paró a contrastar esa información o al menos escucharlo con sus propios oídos. Eso es lo que diferencia a un cuñado de un ciudadano normal. No hay precaución, la prudencia es su enemiga.

No hace falta decir que ese bulo era falso y jamás había dicho eso. Pero el mensaje ya había calado entre los catalanófobos, que tenían un argumento más para alimentar su odio. Y como este ejemplo hay miles, también entre los cuñados de Twitter se producen estas cosas cada día. La última fue acusar a Mariló Montero (ex-mujer de Carlos Herrera) de hacer unas declaraciones sobre el accidente de avión de Germanwings. Todos hemos visto los tuits que circulaban con sus palabras, pero ninguno fue a comprobar que era falso, que esa declaración nunca las realizó la presentadora. Pero como ya he dicho, eso es secundario.

mariló montero

Sufro mucho por estos cuñados 2.0 que habitan Twitter. Su mayor empeño es lograr miles de RTs difundiendo todo lo que le llega por otras fuentes. No, no contrasta nada, ni aunque sea muy evidente. Otro ejemplo, también relacionado con el accidente del avión, fueron los tuits que circulaban criticando a Artur Mas:

tuit criticando a artur mas

La realidad era que Mas dijo esto: “una cosa son los apellidos y otra la nacionalidad. Hay que esperar, en breve tendremos toda la información”. Y no iba mal encaminado porque había varias víctimas con apellidos “extranjeros” que eran de nacionalidad española y viceversa, ciudadanos con apellidos “españoles” pero de nacionalidad Alemana.

Luego esos tuits los leen los tertulianos y ya tienen armamento para utilizar en sus tertulias de radio. Es un sistema que se retroalimenta, unas veces son los cuñados 2.0 los que se hacen eco de lo que dicen sus tertulianos de cabecera y otras son los líderes mediáticos los que rescatan de las redes (arde twitter) los bulos que circulan sin contrastar.

Y ejemplos podemos encontrar miles, el otro día con las elecciones andaluzas salieron a la luz todos los cuñados que siguieron difundiendo bulos y tópicos:

per andalucía

topicos per andalucía

A estos cuñados no les interesa saber la realidad, sueltan su soflama que habrán escuchado en alguna tertulia de radio y se quedan tan panchos. La realidad es que en Andalucía hay 8,45 millones de habitantes (censo 2012) y actualmente reciben el PER 104.000 personas (según Argos – Junta de Andalucía), y que el importe son 150 millones de euros, lo mismo que reciben en ayudas otras comunidades como Cataluña para ayudas al empleo juvenil (fuente).