Hasta hace un par de años los cuñaos sabían donde comprar el marisco más barato que tú, pero a ese gran superpoder se le ha sumado uno nuevo: “Eso te lo hago yo con una raspberry”.

Oye, que no es broma. Es increíble lo que llegan a hacer algunos en cuanto se ponen a aprender un poco de electrónica y diseño de hardware.
Hoy en el trabajo me explicaba un compañero que hay un par de chavales de otro departamento que empezaron a trastear con las raspberrys en su tiempo libre y pronto dejarán la empresa porque han montado su propio negocio.

Me contaba que empezaron fabricando consolas recreativas con juegos clásicos para los amigos y familiares. Pero el boca-oreja hizo que cada mes tuvieran 10-20 encargos de gente que quería tener una.

Además uno de ellos empezó a trastear con las impresoras 3D y el resultado por lo visto está siendo un auténtico filón al que le han empezado a ganar dinero de verdad.

El caso es que he empezado a leer un poco del tema y me encanta cómo se han organizado los pioneros de la impresión 3D en comunidades donde se comparte tanto material, videos tutoriales, planos y diseños. Pero claro, en el momento en el que lo que buscas es ganar dinero con este hobby, entonces el tema cambia. Por muy cuñao que seas, el paso de afición a profesión es un salto complejo y lleno de problemas.

Imagino que hacer cosas con impresoras 3D tiene su gracia cuando son pocas unidades, pero si ya saltas a la producción en masa te toca cambiar de herramientas, buscar algo más profesional (o al menos alguien que sepa hacerlo). En ese momento te das cuenta que la idea de crear tu negocio vendiendo chismes que hiciste con tu colega se convierte en un quebradero de cabeza más que en un negocio.

En realidad no hay tanto problema, sólo que en un momento dado tienes que dejar de ser amateur y apostar por profesionalizar todo el tema de diseño de circuitos y electrónica. Eso es lo que leí en Altium Blog, que por lo visto saben mucho de estos procesos de fabricación de componentes electrónicos.

A veces pienso en qué me habría gustado aprender cuando tenía 10-12 años y nunca lo hice. A veces pienso que me habría gustado saber tocar la guitarra, pero la naturaleza no me dotó de un oído musical destacable. En cambio sí que me habría encantado aprender electrónica y poder hoy disfrutar fabricando chismes en plan cuñao.