Hace un par de semanas me cambié de Smartphone y mi suegro hizo su habitual comentario “cuñao”: – “Estáis todo el día gastando dinero en tonterías”. Y la verdad es que en esta ocasión le di la razón.

Cambiar de móvil casi por gusto es un vicio de mi generación, pero creo que en parte es una necesidad autoimpuesta. No sabría bien explicarlo pero quizá tengamos la sensación de que nuestros sueldos son una basura, que no nos llegan para cambiar de coche o de vivienda, pero nos deja algo de dinero de bolsillo para gastar en estas tonterías. Y si no lo haces, al final parece que sólo trabajas para pagar facturas.

El problema viene cuando la gente quiere estar a la última y gastar más de ese dinero de bolsillo que queda a final de mes. Y no te cuento cuando hay de por medio los celos, envidias o los piques familiares (ay! esos cuñaos que quieren tener mejor coche que tú, mejor móvil que tú y mejores vacaciones de verano que tú). Con este panorama delante, entiendo que se estén poniendo de moda los préstamos rápidos para poder hacer frente a gastos imprevistos , que si bien son utilizados con cabeza,
resultan de gran ayuda.

Leí el otro día, sobre este tema y me sorprendió ver los motivos por los que la gente suele solicitar este tipo de préstamos rápidos. Casi el 12% lo hace para pagar una factura que se ha disparado más de la cuenta, un 8% es por culpa del coche, un pozo
sin fondo de averías y gasolina. También leí que otro 8% lo pide para poder comprar alimentos (que alguien tenga que endeudarse para poder comer es una situación que me pone un poco los pelos de punta).

Ojalá las buenas noticias macroeconómicas, poco a poco se vayan reflejando en forma de mejores salarios, mientras tanto entiendo que haya gente que siga necesitando pedir pequeñas cantidades de dinero para llegar a final de mes o afrontar
un gasto inesperado.