Cuando estás próximo a cumplir 40 años hay muchas crisis que te acechan. Que si la caída del pelo, los kilos de más, la carga familiar, el empleo de mierda… Y muchas de estas crisis se superan comprando caprichos. Sí, los tíos somos así de básicos. Imagino que hace 10.000 años esta crisis no nos afectaba porque a los 40 estábamos ya pensando más en donde enterrar lo que quedara de nosotros, pero hoy en día no hay nada más peligroso que un cuarentón con la tarjeta de crédito en la mano.

Hace poco hablaba con un padre del cole de mi hija, que se presentó a recoger a su hijo a lomos de una Sanglas 400T, modificada, que por lo visto ahora se les llama “Cafe Racer”, pero entre tú y yo, era una especie de tuneo para darle un aspecto más clásico todavía.

No hace falta decirte que el resto de padres que estábamos allí comenzamos a babear al ver la moto. Era un espectáculo, la moto tenía más años que yo, pero llamaba la atención desde lejos. Le pregunté y me dijo que sí, que era lo que yo imaginaba. Acababa de cumplir 40 años y este había sido su regalo.

Compró una moto clásica, creo que me explico que esa Sanglas 400T era de 1975, le costó unos 1.500€ y se la llevó a un carrocero que le hizo esa adaptación Cafe Racer. No, no me dio tiempo a preguntarle mucho más. Salió a toda velocidad mientras el resto le envidiábamos muy fuerte (no era la de la foto pero sí muy parecida).

No, yo no me voy a comprar una moto, soy más de coches, aunque no me importaría tener alguna joyita tipo un Jeep Willys, pero los precios se van por las nubes. El último que vi me pidieron 6.000€, ya restaurado. Lo primero que tendría que mirar es un especialistas en seguros para coches clásicos, porque imagino que por muy bueno que sea tu cuñao el mecánico, seguro que estos chismes te dejan más de una vez tirado en mitad de la carretera.

Por suerte mis traumas los combato con un podcast, junto a otros compañeros que también tenemos muy cerca la crisis de los cuarenta. Es más barato y te ríes mucho más.