Llego a la conclusión de que el #EBE ha cambiado en 9 años, pero yo sigo viendo la red social de la misma manera: una oportunidad de desvirtualizar a muchos amigos, o como dice Fernando Muñoz (@senormunoz), “la fiesta de fin de curso de Twitter“.

Comenzó siendo la cita de la blogosfera española, entonces llegó Twitter, las startups y el #EBE se adaptó a lo que pedía la gente. Aún así creo que somos muchos los que asistimos con la misma intención que en 2005: conocer en persona a gente que ya conocíamos de forma virtual.

El próximo año será el décimo aniversario del evento del internet social por excelencia, puede ser una gran oportunidad de hacer balance de su trayectoria, recordar desde donde vienen, tal vez un homenaje a los pioneros de la blogosfera o darle más peso a lo que generó todo esto: los blogs.

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Por lo demás el contenido estuvo como siempre a la altura de las expectativas, charlas variadas de los temas que todos esperábamos, quizá demasiados ponentes que fueron a hablar de su libro, por otra parte es lógico que se use a gente que ha tenido éxito para explicar su caso, y de paso nos vendan sus productos. Aún así hay cosas que deben pulir en un evento que costaba hasta 25 euros, había ponentes con muy poca calidad, sin experiencia hablando en público, los talleres generaban mucho ruido en la Sala Rosa, los micrófonos fallaron mucho en la Sala Amarilla y la bolsa de bienvenida ya no hay regalos como antes.

Las mejores charlas fueron las de Clara Grima (ovación, dos orejas y rabo), la de Pilo Martin (ovación y dos orejas) y la de cierre a cargo de Arturo González-Campos (ovación y oreja). El resto quiso vender más que comunicar, la mayoría cayeron en los tópicos sin pasar de las cuatro consignas más que conocidas sobre cómo emprender, cómo hacer las cosas para triunfar en los negocios de la red…

Y luego estuvo “el otro #EBE“, el que transcurre de forma paralela a las charlas de las salas del FIBES. El que surge en los pasillos y salas de descanso, entre cafés y tortas de Inés Rosales. Donde se producen los reencuentros con viejos conocidos, se desvirtúan nuevos amigos y se hacen planes para comer y salir de marcha, porque en el #EBE faltan las horas para poder hacer todo lo que uno quiere. Este año las salas de conferencias contaban con pantallas de tuits, cada una con su respectiva hashtag (#AmarillaEBE, #AzulEBE…) y por primera vez no había filtrado de tuits, así que fue una vía de escape para los trolls (ejem, ejem) en las charlas donde el ponente no estaba a la altura, porque como bien dice mi amigo Sergio Muñoz:

Reconozco que fue la parte más divertida del #EBE, sobre todo la sala azul donde una ponencia a la hora de la siesta estaba haciendo estragos entre los asistentes.

Y en particular #EBE14 reconozco que me lo pasé mejor de lo esperado, tal vez la mejor experiencia de cuantas ocasiones he asistido. Fue un placer volver a ver a @Juanjera @JoseManuelBoza @jcejudo @smpastor @capria @SamFdz @butonsa @luisrull @elfregonero @deniman… Y desvirtualizar por primera vez a @murojav @alvarogf @erFran72… El resultado fue magnífico, una comilona fantástica y una cena inolvidable, donde aprendimos conceptos como “rueda de tanque” y el “vinagre de cooperativa” nunca volverá a significar lo mismo después de este #EBE.

Al final es cierto, el #EBE se parece más a una fiesta fin de curso donde olvidarse durante unas horas de las responsabilidades y disfrutar con amigos y ciberamigos de lo bueno que tienen las redes sociales y los blogs.

Nos vemos el año que viene en el #EBE15.