A ver cómo explico esto sin que nadie se enfade, se moleste o se sienta aludido. Los andaluces tenemos un problema grave (más de uno, está claro), no sé si es cultural, si es autoimpuesto o es la coyuntura sociopolítica de no haber cambiado de partido en el gobierno desde 1981. Pero esto se percibe mejor cuanto más lejos estás de Andalucía, cuando compruebas cómo una tierra llena de recursos y con tanto potencial, sigue en el vagón de cola de Europa.

Mi teoría es que en Andalucía hemos vivido durante muchos años como si fuéramos cangrejos dentro de un cubo (yo hace ya 10 que no vivo allí, ni ganas de volver). Un lugar donde era difícil sobresalir y cuando uno lo intentaba el resto le atacaban para que no lo lograse. Esa actitud cainita que nos ha impedido crecer está ya impresa en nuestros genes, cuando surge una iniciativa la actitud es ponerse a la defensiva, “algo querrán estos”, “a mi no me vengas a pedir nada”, “búscate la vida como hice yo”… Y demás argumento que seguro has escuchado en alguna ocasión.

Pero el asunto tiene una raíz más profunda, y aunque duela reconocerlo, tiene su base en el egoísmo. Tienes poco y no quieres perderlo, tienes mucho y no quieres compartir. Esa puede ser una justificación para cosas como la economía sumergida y el fraude fiscal, donde Andalucía siempre está a la cabeza. Hemos pensado durante muchos años que era mejor vivir de una economía sumergida, sin pagar impuestos directos, porque somos más listos que los demás. Y así nos ha lucido el pelo.

Y ahora, en plena era de los emprendedores (esta palabra la tenemos que ir borrando del vocabulario entre todos) este patrón de comportamiento se repite. Si alguien a tu alrededor intenta crear un proyecto que puede convertirse en un negocio que ofrezca oportunidades de trabajo, lo primero que hacemos todos es desanimarle y quitarle la idea, estamos seguros que va a fracasar. Hay algo todavía peor, los “acechadores” que esperarán pacientes a que cometas un fallo para salir con los cuchillos y atacarte por todas partes, sobre todo en público para que todos puedan ver lo que hiciste mal.

Eso nos encanta, es como un pasatiempo. El problema es que esos miserables “acechadores”, la mayoría son unos fracasados incapaces de hacerse con las riendas de sus propias vidas. Piensan que ellos eran mejores y si no lo consiguieron tú tampoco tienes derecho a lograrlo (ahora entiendes la metáfora del cubo lleno de cangrejos). El problema es que este tipo de personajes pueden esperar muuuuchos años, no tienen prisa, estarán ahí cuando menos los necesites porque su afán es sacar a la luz tus fallos.

Para luchar contra estos hay que tener mucha paciencia, mucho aguante, muchos recursos y confianza en lo que haces, porque a las primeras de cambio lograrán hacerte dudar de tus decisiones. En cambio, esto no es tan frecuente lejos de mi tierra, fuera de Andalucía hay otra conciencia, no hay tanta gente pendiente de lo que hace o dice el vecino, sobre todo lo notas en las grandes ciudades donde dedicas mucho tiempo en los desplazamientos. Cuando tardas una hora en llegar a casa no tienes tiempo para perder pendiente de lo que está haciendo el de al lado. Eso también se aprende desde pequeño y luego cuando eres adulto no pierdes el tiempo “acechando” ni te preocupas de los errores ajenos. Que si, que habrá gente así en todas partes, es cierto, que esto es casi un rasgo común de todos los españoles, pero la cultura empresarial está (por suerte) más arraigada en algunos sitios que en otros, se pierde un poco esa forma de actuar con el prójimo.

Dedicado a los que están detrás del arbusto esperando a que cometas un error para salir a atacarte. Les deseo que la espera les haya merecido la pena.