Si analizas este post con la situación actual seguro que no vas a perder el tiempo en leerlo. Con la cifra de paro es casi obsceno hablar de cambiar de trabajo o dejar el que tienes porque no te gusta. Pero no por eso vamos a dejar de hablar de temas interesantes, no?

Conseguir un trabajo no puede ser en sí mismo un fin. Debe ser un objetivo, como el de ligar con alguna chica cuando eres adolescente, echar el primer polvo, sacarte el carnet de conducir, etc. Son objetivos, pero nunca se deberían tomar como metas donde terminan nuestras aspiraciones.

Echarse novia puede ser un objetivo, pero nunca una meta. Quién te asegura que esa será la mujer de tu vida? Pues con los trabajos pasa exactamente lo mismo. Cuando consigues un puesto de trabajo, si es el primero, muchas veces lo tomas como una meta. Aquí estoy, llegué, lo he conseguido y aquí me quedo para toda la vida. Esa era la mentalidad “funcionarial” que tenían quizás nuestros padres hace 30 años. Un puesto para toda la vida, toda tu puta vida haciendo lo mismo.

Hay una máxima que mantengo desde que leí esta frase (lástima que no recuerde de quién es la cita):

Si llevas 10 años trabajando igual es que estás trabajando mal.

La mantengo desde entonces, palabra. Creo que no estoy 2 años haciendo lo mismo de la misma forma. Siempre busco algo que cambiar, mejorar, porque siempre se puede mejorar por muy poco margen que te dejen en tu empresa. Ya os hablé hace meses del ejemplo de poner las grapas como lo más importante que harás en tu vida, pues la cosa va más o menos por ahí. Es más, después de 7 años haciendo el mismo trabajo (que no de la misma forma) decidí cambiar y desde hace un par de meses he cambiado, por suerte sin tener que cambiar de empresa, que eso si que lo agradezco.

Cuando cambias de trabajo te afecta de diferente forma en función de si estabas en el paro o si ya tenías trabajo. Si estás parado creo que te adaptas a lo que te echen, la necesidad hace el resto, pero sólo durante unos meses. Cuando te acostumbras a tener de nuevo unos ingresos fijos cada mes te empiezas a fijar en esos detalles que no valoraste en su momento, y que ahora te tienen amargado en tu nuevo empleo.

La cosa empeora cuando cambias de empresa, porque empiezas a comparar, nuevas rutinas, nuevas dinámicas sociales, descubrir quién es el gilipollas de la empresa, quién el “enterao”, a quién debes evitar y quién podría ser un buen compañero de trabajo. Esto lleva meses en descubrirse, y cuando ya te haces una idea puede que descubras que la idea de cambiar no fue tan acertada como pensaste en su momento.

Después de 7 años fabricando reactivos para análisis de laboratorio tengo que reconocer que estaba un pelín quemado, bueno, más que quemado me encontré con pocos objetivos ilusionantes, pocas metas que alcanzar. Es que cuando llegué estaba todo por hacer, había trabajo para muchos años, y a la vista está que tardé casi 5-6 en tenerlo todo funcionando al 100%, con capacidad de cumplir los objetivos anuales de la empresa.

Entonces te preguntas, y ahora qué? A esperar a que se muera un jefe y aspirar a ocupar su puesto? Esa es la aspiración que tiene muchísima gente hoy en día. Dejar pasar el tiempo y sustituir al eslabón que va saliendo de la cadena, ya sea por jubilación, fallecimiento, traslado o despido. Al final te conviertes en una pieza de Lego, esperando en el cajón a que hagas falta para encajar en ese sitio donde antes había otra ficha.

No, no me gustan los cambios, no los llevo bien, no los busco, pero es que cuando analizo los últimos 10 años la verdad es que no he hecho otra cosa que cambiarlo todo, ciudad, estado civil, familiar, laboral en varias ocasiones… Al final va a resultar que a mi subconsciente si que le gustan los cambios y no me había percatado hasta ahora.

A final de año decidí cambiar lo que estaba haciendo. Busqué alguna oferta fuera de mi empresa, pero al ser un trabajo tan especializado no es habitual encontrar ofertas en Infojobs sobre esto. Por suerte se me presentó la oportunidad de cambiar de departamento, con un jefe-amigo, que estaba encantado de recibirme a bordo y comenzar entre los dos a poner en marcha un proyecto como ya hicimos hace 7 años.

Cuestan algunos cambios, cuesta abandonar las cómodas rutinas que nos ofrecen protección y seguridad. Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Yo añado que no sabes lo que necesitas hasta que te llega. Y eso es lo que he experimentado. Ahora tengo más trabajo, más “peligroso” que antes, mucho más complejo y completo, y por qué no decirlo, más divertido. Siempre que hay una posibilidad de que acabes muriendo por una metedura de pata la cosa se vuelve mucho más entretenida, verdad?

Pero qué pasa cuando estás trabajando en el sitio equivocado? Entonces ya pesan más argumentos como la estabilidad económica, el horario, compaginar la vida laboral y familiar… Pero cuando de verdad quieres/necesitas cambiar, el resto eres capaz de adaptarlo y compaginarlo.

Miedo a cambiar? No, nunca. Una cosa es que no me gusten los cambios y otra que tengamos miedo. Tienes dos opciones, el cambio irá a mejor o a peor. La vida ya nos ha puteado muchas veces, no pensemos que siempre vamos a ir a peor, no? Las oportunidades existen, en nuestra mano está aprovecharlas o verlas pasar desde nuestra posición cómoda, inmóvil.

Y un último apunte. Estoy de acuerdo con el gobierno con el tema de la movilidad exterior. No te digo que sea normal tener que buscar trabajo en Alemania, pero la movilidad laboral era otra asignatura pendiente en nuestro país. Si te ofrecen trabajo a 10km ya dices que no. No te digo lo que pensé yo cuando la oferta estaba a 1.000km de donde vivía.

Nadie dice que tengas que vivir y morir en el mismo sitio donde has nacido. Nadie dice que tengas que defender tu tierra porque sea donde vas a vivir toda tu vida. No es un derecho universal. Elige donde vivir, elige donde trabajar, elige donde ser feliz y construir un proyecto de vida.

Recuerda que en la vida el protagonista de la película eres tú. No dejes que otros escriban el guión.