Ya he dicho muchas veces que no soy un consumidor habitual de series, no suelo ver mucho la tele, me hace sentir que pierdo mi tiempo. Pero si es cierto que cuando encuentro alguna serie determinada me convierto en un talibán absoluto, quiero que todo el mundo la vea y así poder comentar lo buena que es.

Me pasó no hace mucho con Mad Men o con Boadwalk Empire, series que dejé de ver en varias ocasiones porque me aburría de solemnidad. La primera temporada comencé a verla no sé cuantas veces, pero al 2-3 capítulo lo dejaba porque no me aportaba nada. Y fue un día, cuando encontré justo el personaje correcto con el que empatizar, que me enganchó como un bobo. Espero cada nueva temporada de Mad Men como si fuera el regreso del Mesías.

Pues con Homeland me ha pasado algo así. Es una serie que sólo pude enganchar al tercer intento. Llevo mal eso de que la protagonista sea una mujer, ya sea en películas, series o novelas. No me veo representado, no logro ponerme en su piel, no entiendo sus sensaciones, sus miedos y pasiones. Y con Homeland resulta complicado en ese aspecto al tratarse de un personaje femenino que además tiene problemas mentales.

No te daré muchos detalles sobre la trama porque si fuera una serie que te pudiera gustar ya la estarías viendo. Es un thriller que mezcla espionaje de la CIA, terroristas islamistas y chanchullos políticos. Pero lo hace tan bien que ha logrado que muchos americanos empaticen con el protagonista, un soldado prisionero de guerra, que regresa a casa tras 8 años desaparecido, y que todo apunta a que es en realidad una célula terrorista durmiente.

Los capítulos de la primera temporada están muy bien terminados, usan el habitual recurso de dejarte con ganas de más a través de sorpresas y giros argumentales. En la segunda temporada quizás las tramas se estiran demasiado y a veces aburre, pero la factura técnica y el trabajo de los actores sigue siendo sensacional.

No soy el único que opina lo mismo, este año han barrido en los Emmy y en los Globos de Oro, llevándose el premio  a la mejor serie dramática, mejor actor dramático protagonista (Damian Lewis) y mejor actriz dramática protagonista (Claire Danes) en ambos galardones.

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Si tengo que destacar algo especial en esta serie es que de verdad consiguen el efecto de que nada es lo que parece, incluso cuando ya te tienen convencido le dan un giro al argumento y te dejan con ganas de ver cómo acaba ese nuevo enfoque de la historia.

Algunos de los episodios son por sí solos estupendas películas con más historias y tramas que cualquier estreno de Hollywood, de ahí que seamos legión los fans que no hemos esperado a su estreno en España (en abierto) para seguirla. Te recomiendo verla en v.o.s.e. para disfrutar con la interpretación de los actores, todos soberbios y geniales. Un detalle para los de mi generación, el actor Mandy Patinkin fue quien hizo célebre aquello de “Hola, me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir”.