Después de enseñarle donde está exactamente Cataluña, de explicarle un poco su historia moderna, lo del bilingüismo y demás, el aborigen estaba listo para que le explicasen todo lo que se ha vivido en estas últimas elecciones autonómicas.

Le explicaron que el presidente de la autonomía catalana había llegado al poder hacía sólo 2 años. Que gobernaba con una mayoría amplia, y sólo necesitó de acuerdos puntuales con otro partido más de derechas que el suyo. Que tras una manifestación popular decidió poner a prueba su poder, así que adelantó las elecciones a mitad de legislatura. Y claro, toda la prensa subvencionada le rió la gracia, le animaba a dar un paso al frente, le acogió como un mesías que conduciría a su pueblo más allá del Mar Rojo. La guinda la puso un instituto demoscópico, que vendió a la prensa afín unas previsiones electorales que daban la razón al presidente mesiánico.

El día después de las elecciones, tras gastar 30 millones de euros en un proceso electoral innecesario, ese presidente vuelve a ganar las elecciones, pero perdiendo 12 de los 62 escaños que tenía, y lejos de los 68 que le habrían dado la mayoría absoluta. Ahora sigue siendo el presidente pero necesita pactos más complicados para seguir gobernando durante los próximos 4 años o hasta que le venga otra vez una vena mesiánica y adelante elecciones.

Es más, como ahora tenía menos poder que antes, decidió dejar a un lado su objetivo independentista porque la realpolitik, la de los recortes, los bonos basura, el euro por receta, el céntimo sanitario de las gasolinas, y la deuda galopante, requerían de toda su atención.

El aborigen no entendía nada. No llegaba a alcanzar las razones que llevan a un gobernante adelantar unas elecciones cuando no lleva ni la mitad de su legislatura. No entiende que los sondeos se equivoquen tanto y la prensa se crea a pies juntillas estas cifras sin investigar por su propia cuenta. No comprende que la población vea lógico este comportamiento de sus gobernantes mientras están haciendo recortes en sanidad y educación.

Le explicaron al aborigen lo del independentismo y entonces ya lo comprendió todo. Y dice que ya puestos, que sigan haciendo elecciones hasta que salga el resultado que más les guste. Como los electores que son los que pagan los gastos ya ven bien este disparate, no tendrá nadie que le pare los pies al mesías de turno.

Iban a explicarle lo del derecho a decidir de los pueblos, pero para ese momento el aborigen ya se había ido caminando lentamente, buscando el refugio de su cabaña.