Resulta curioso el baremo que tenemos los ciudadanos a la hora de juzgar un delito. La hipocresía y la superioridad moral dictan la forma en que tenemos que atacar al delincuente que comete un desfalco.

corruptos

Me refiero a que nos organizamos en internet para poner una querella a los banqueros que han provocado el agujero económico de empresas privadas, pero no estoy leyendo nada, absolutamente nada de que nos organicemos para señalar a los 200.000 usuarios de la Seguridad Social que estaban comprando medicinas usando tarjetas de pensionistas de forma ilegal.

Este tema me supera, me pone en modo troll. Se nos llena la boca hablando de los corruptos y resulta que nosotros somos los primeros que colaboramos en tener una sociedad podrida desde sus cimientos.

El primero que se atreva a sacar el argumento de que “ellos roban mucho más” que deje de leer este blog y se largue. Todos tenemos cerca algún caso de ilegalidad. Todos. Si no es tu tía que estaba trabajando con tu tío en la tienda mientras cobraba una pensión de invalidez, será tu cuñado que está en el paro pero trabaja en negro arreglando lavadoras por las tardes.

Cuando hablamos de que todo tiene que cambiar para que salgamos de la crisis, también me refiero a esto. La corrupción endémica que tenemos en España es inadmisible. Pedimos, perdón, exigimos a los políticos conductas que no somos capaces de exigir a nuestros propios familiares. ¿O es que tú has tenido huevos alguna vez para criticar a tu cuñado que trabaja facturando todo en negro?

Todos somos cómplices de esta situación, unos más que otros, pero todos por activa o por pasiva estamos llevando esta sociedad al colapso. Lo importante es que si todo se va al carajo al menos lo que quede en pie sean los valores que un día nos llevaron hasta aquí: el esfuerzo, el trabajo y la superación personal.

La tercera generación que ha vivido de los réditos de aquellos que vivieron con esos 3 valores son los que han mandado todo al carajo. Lo peor es que no saben salir de hoyo donde se han enterrado. Son un cubo lleno de cangrejos, que se putean unos a otros para impedir que salgan del cubo donde están condenados a morir de hambre.

No os podéis imaginar lo interesante que se ha vuelto esta época en la historia de España. Lo estudiarán nuestros nietos y se darán cabezazos en la pared porque no comprenderán cómo no hicimos nada cuando estábamos a tiempo de rectificar.