Cuando escribo uno de mis artículos de reflexión siempre tengo una persona en mente, algún amigo o alguien que he conocido a lo largo de mi vida, y utilizo su carrera vital o profesional como esquema para argumentar mi crítica.
Hace poco recibí un comentario en mi blog de un lector que se lamentaba que no tenía trabajo pese a tener 2 licenciaturas y un master. Hoy utilizaré este ejemplo para montar mi argumento, luego ya me dices si te parece bien y dejas tu opinión sobre el tema.

Hay dos conceptos que muchas personas han confundido a la hora de planificar su carrera profesional: la especialización y la cualificación. De hecho todavía se escucha en conversaciones mezclar como si fueran sinónimos ambos conceptos:

Fulanito es un trabajado muy cualificado, es el mejor en su trabajo.

Menganito está altamente especializado, nadie sabe más del tema.

Está claro que el error es habitual y eso lleva a mucha gente que diseñe un currículo profesional con malas expectativas. No se entiende de otra forma que una persona dedique los mejores años de su vida a “cualificarse” y acabe sin trabajo. Una de dos, o sufres un claro ejemplo de “titulitis” o te han vendido la moto con las salidas de tu profesión.

Titulitis

Ya escribí hace tiempo que el futuro es la especialización, considerando que siempre habrá alguien que sabe más que tú de tu especialidad. Especializarnos nos permitirá acceder a un mercado más reducido de puestos de trabajos, pero es cierto que quien todavía quiera ser un “hombre del renacimiento” que sabe un poco de todo, lo tiene crudo para ganarse la vida.

De pequeño me vendían un poco ese cuento. Que había que saber de todo y así tener posibilidades de acceder a varios puestos de trabajo, incluso permite cambiar de ramo si hay crisis en un sector. Y pese a que en mi caso haya funcionado esta estrategia de diversificar mis recursos educativos y profesionales, no es lo habitual. No digo que haya que poner todos los huevos en el mismo “canasto” profesional. Pero si que llegado un punto de nuestra vida hay que apostar en firme por convertirse en un gran especialista en una de las ramas elegidas en nuestra educación.

Os pondré mi propio caso personal. Llegó un momento que tenía que elegir entre dedicarme a fondo al trabajo en laboratorio o abrirme un hueco en el sistema educativo. Ganó la primera opción y ahora mi título universitario en Educación Física cuelga en la pared cogiendo polvo. En un momento dado asumí que dedicarte a la enseñanza deportiva tiene un gran lastre: tú físico y tu edad. No recomendaré nunca a mi hija que elija una profesión en la que la edad o el físico sea un limitante. Por eso me centré en especializarme al máximo en el trabajo de laboratorio. Hoy soy el mayor especialista de mi empresa en mi faena. Eso lo valora mi jefe y lo valoro yo, porque hoy en día hay pocas empresas que reconozcan el esfuerzo por crecer y mejorar profesionalmente. No me gusta utilizarme como ejemplo porque no quiero recibir críticas personales que desvirtúen el artículo que es el fondo de la cuestión.

¿Qué consejo le daría a un chaval que hoy tiene 16 años? Pues que elija 2 sectores profesionales donde se sienta agusto y comience a formarse en esas 2 profesiones. Luego el tiempo, el mercado laboral y los límites personales le pondrán en la senda correcta. El error más habitual es que en lugar de elegir 2 posibles candidatos el pobre chaval se vuelca en una sola idea. Estudia, se saca todos los diplomas, masters… Y si no suena la flauta se queda con un exceso de cualificación pero sin trabajo.

Son 2 procesos complementarios pero que no hay que confundir. La formación tiene que ser divergente, pero la especialización debe caminar hacia una senda única en el último momento y sólo cuando ya conoces cómo está el mercado laboral y las salidas profesionales.

Otro ejemplo, un chaval que quiera ser periodista deportivo y pone todas sus ansias en alcanzar dicha meta profesional. Si de aquí a cuando él acabe la carrera y el máster el periodismo ha cambiado por completo (de hecho lo está haciendo) se encontrará sin hueco profesional, con exceso de cualificación y trabajando en otro sector en el que no tiene ni la más mínima cualificación (periodistas trabajando de teleoperadores los hay a docenas hoy en día).

Ya no entro en aclarar si el exceso de cualificación es realmente una especialización. Doy por hecho que la especialización profesional te hace recurrir a la formación académica, intercambios profesionales, trabajar en otros mercados… No siempre es necesario volver a la universidad para ser un especialista. ¿O es que acaso los especialistas de internet de hoy han aprendido lo que saben en alguna facultad?

Soy otro caso como muchos más, que le habría gustado que sus padres le hubieran explicado de otra forma cómo funciona el mercado laboral, que hay muchas maneras dignas de ganarse la vida lejos de la administración. Espero saber hacerlo con mi hija.