[dropcap]H[/dropcap]ace mucho que aceptamos que no hay dogmas que sirvan para todos por igual, ya no afirmamos con la cabeza cada vez que alguien trata de englobarnos a todos en un movimiento social, en una corriente de pensamiento, en un estilo de vida. Esto que parece obvio no lo era hace menos de 50 años.[quote_right]Las formas de vida se han ido liberando con el paso del tiempo, apareciendo nuevos modelos de familia que antes no eran aceptados en gran parte de los países occidentalizados.[/quote_right]

Y claro, tu educación, tu entorno familiar y tu contexto socioeconómico son los que dictan en gran medida cómo será la “hoja de ruta” de tu vida personal. Si naciste en el seno de una familia tradicional católica, con padre (trabajador), madre (ama de casa) y más de un hermano, es habitual que trates de replicar ese modelo familiar en el que te ha ido bien la vida. Pero claro, tratar de generalizar este pensamiento es absurdo. En ese modelo de familia no entran hoy ni la mitad de las familias, ya sea por la falta de uno de los cónyuges, por carecer de hermanos, por tener más de un padre o más de una madre. Es más, seguro que ni los modelos más similares al que trataron de imitar se pueden permitir el lujo de ser sólo uno de los adultos el que traiga el sustento a casa. Y ese condicionante cambia mucho el modelo de familia, y por tanto el estilo de vida, el modelo de educación que se recibe en casa, etc.

Vale, ya están puestas todas las salvedades del mundo habidas y por haber. Dicho lo cual, voy a generalizar, que es eso que hacemos todos los idiotas cuando nos faltan argumentos de peso (como decía aquel viejo chiste, “todos los que generalizan son unos hijos de puta”).

Para la generación de los que nacimos ya en democracia hubo siempre una hoja de ruta que seguir en nuestra vida. Estaba habitualmente llena de logros y objetivos a alcanzar a determinadas edades.

Por ejemplo, llegar al instituto y no acabar en FP a donde enviaban a los más “obtusos”. Aprobar BUP ya era un logro que pocos alcanzaban. Acabar COU otro gran objetivo, coronado por un hito especialmente complicado: sacar la nota de corte de la carrera que querías hacer al año siguiente en la facultad.

Una vez logrado ese objetivo se aproximaba, ya lejano en la distancia, acabar los estudios, lograr un primer trabajo “de lo tuyo”, poder vivir de tu profesión y convertirte en un profesional era casi el objetivo final de tu hoja de ruta en el apartado laboral.

En el lado afectivo empezabas en la época de párvulos, donde comenzabas a hacer tus primeros amigos, en primaria comenzaban a despuntar los líderes naturales, los machos alpha que formaban las pandillas que ajustaban cuentas en el recreo. Antes de llegar al instituto alguno ya lo intentaba con alguna chica, pero no todos le dedicaban tiempo a ese aspecto antes del instituto. Una vez allí las hormonas hacían el resto, todo el día palote al ver como tus compañeras despuntaban el potencial que la madre naturaleza les había entregado hace pocos años atrás.

Por supuesto, uno de los objetivos fundamentales en esa fase es besar a una chica. Luego llega la fase de tocar una teta, meter mano a fondo, y entre el final del instituto y principios de la facultad el único objetivo en mente era echar un polvo.

Y la cosa iba según los gustos de cada uno, algunos en seguida se buscaban novia para toda la vida, por si acaso nunca más en su vida lograban conquistar a una chica. Otros en cambio iban de flor en flor, siempre condicionados por la confianza en sí mismos, que eso siempre ayuda durante la adolescencia a la hora de tratar de conquistar a una chica (putos complejos).

Esa fase se alargaba en función de cómo hubiera ido en el apartado laboral. Vamos, que los que ya tenían faena fija a los 25 años comenzaban a planear la boda. Otros con 35 todavía no tienen claro ni a qué se van a dedicar, si se casarán, tendrán hijos o si serán solteros de oro hasta los 80 años (para ser los galanes más buscados en el geriátrico).

Personalmente me encuentro a mitad de la hoja de ruta que me planifiqué no hace mucho. La fase laboral completada con más o menos éxito en todos los objetivos propuestos. La fase afectiva completada en su logro más importante aunque con muchas carencias durante el camino.

¿En qué fase te encuentras tú? ¿Cómo ha sido tu hoja de ruta vital?