Esta tarde lo comenté en Twitter y antes de publicarlo me di cuenta de lo duro que sonaba, pero es cierto. La crisis ha traído algo bueno, en realidad es lo único que he encontrado de bueno en todo esto. Y es que estoy viendo como las personas que trabajan de cara al público (no, los funcionarios no cuentan,y no lo digo porque no trabajen) cada día son más simpáticas y agradables.

Estoy viendo muestras de amabilidad inimaginables hace pocos meses. No, no he tenido la enorme suerte de encontrarme con una persona simpática o agradable, estoy hablando de las mismas caras, los mismos trabajadores, el mismo puesto, el mismo establecimiento, que hace meses te trataban con la punta del pie, y ahora son superamables, educados y cordiales. Vamos, lo digo más claro:

El miedo a perder el empleo está haciendo que la gente se vuelque en su trabajo, y para los que trabajan de cara al público se están esforzando por realizar una parte importante de su faena, que es ser agradables y mostrar cortesía hacia los clientes.

Lo que más me jode es que hayan tenido que esperar a una crisis del copón para guardar en el cajón sus poses soberbias, sus modales, su falta de educación, su desprecio al cliente en definitiva.

Cuando alguien acepta un trabajo de cara al público debe entender que entre sus funciones está mostrar cortesía, ser amables y aguantar “literalmente” a los clientes. Pero estarás de acuerdo conmigo que hemos vivido unos años en los que había mucha gente que ni estaba preparada para atender a los clientes, ni tenía el más mínimo sentido de la empatía para comprender al que le solicitaba ayuda y comprensión. Y ahora estamos pasando de un extremo al otro, de ir al burger y que te tiren la hamburguesa, a que te la lleven a la mesa y te deseen buen provecho.

Repito, me jode muchísimo que algunos hayan reaccionado cuando ven su trabajo peligrar y el negro futuro del desempleo en el horizonte. Quizás estemos de nuevo ante el renacer de los profesionales del sector servicios, donde desaparezcan los amateurs que lo hacían porque no había otra cosa.