He vuelto a retomar la rutina de salir a correr después de una temporadita en la que la rodilla me tuvo alejado de la práctica del running. Para recuperar las ganas de salir a correr con este frío hice lo que hace todos los aficionados: me fui a Decathlon a comprarme algo nuevo, da igual si son unas zapatillas nuevas, un pulsómetro, un forro polar, un gorro o una linterna. Cualquier estímulo vale para volver a sacarte al campo a correr.

El caso es que la técnica me ha funcionado. He vuelto a salir a correr, bien abrigado con camiseta térmica, gorro, guantes y toda la pesca. Ya vuelvo a trotar 40min a buen ritmo y espero bajar poco a poco los kilos acumulados en Navidad.

La idea de adquirir un objeto que me volviera a estimular la tomé de la mayor de las aficiones de este mundo: la fotografía. No falla, todo el que se anima a comprar una cámara de fotos réflex pasa por los mismos estados:

  1. Qué bien, ya tengo cámara. Y ahora qué hago?
  2. Vale, ya sé lo que hay que hacer. Cómo hago la foto que yo quiero?
  3. La cámara se queda corta, necesito un objetivo nuevo.
  4. El objetivo es bueno pero la cámara se ha quedado obsoleta, compraré una nueva.
  5. Ya tengo cámara nueva, y ahora qué hago?

Y se repite el bucle desde el principio.

Ese esquema lo puedes aplicar a cualquiera de tus aficiones. En mi caso lo he aplicado al running, y es tal cual.

  1. Que bién, ya tengo zapatillas y equipo completo. Qué hago ahora?
  2. Vale, ya tengo plan de entrenamiento, por donde corro?
  3. Las zapatillas no son las que necesito, compraré unas nuevas.
  4. Las zapatillas son buenas, pero el pulsómetro es una mierda. Necesito uno mejor.
  5. Ahora uso gps y pulsómetro, no sé que software es el mejor para salir a correr.
  6. Vale, ya tengo un software, y ahora que hago?

Y se repite el bucle desde el principio.

¿En cuantas ocasiones has estado a punto de abandonar ese hobby y te inventaste cualquier excusa para retomarlo con fuerza?