Cada uno te contará una ventaja de tener Spotify como reproductor de música favorito. El mío es que desde que lo tengo escucho cada vez a más grupos y de diferentes estilos musicales. O sea, que disponer de esa enorme oferta me ha permitido descubrir nuevos talentos más allá de la mierda que pinchan en las radiofórmulas de las cadenas españolas.

Pero después de tanto tiempo siendo un satisfecho usuario premium de Spotify, lo que más me gusta es encontrar versiones de temas más o menos conocidos, y cuanto más rara sea esa versión, más me gusta. Desde hace ya un par de años tengo una playlist donde voy añadiendo esos temas y le puse por nombre “Mal gusto exquisito” y os hablé de ella en el blog a principios del 2.010.

Es cierto que no escucho esa lista con frecuencia, en realidad la escucho por temporadas, quizás durante un mes, para luego dejar que se me olviden un poco los temas y volver a retomarla al cabo de un tiempo, para volver a saborearlos.

Es la misma sensación que tenía cuando de pequeño coleccionaba revistas como National Geographic o Muy Interesante, que me leía una y mil veces, y cuando ya me sabía de memoria el contenido, las dejaba “reposar” para retomarlas pasados unos meses y disfrutarlas como si fuera la primera vez que las leía.

Algún día escribiré sobre mi pasión por Muy Interesante y National Geographic. Creo que las he coleccionado (ya no) desde que tenía unos 15 años, me pedía como regalo de cumpleaños la subscripción anual a Muy Interesante, y cuando ya salió NG en español me hice fiel comprador hasta que ya no cabían más revistas de lomo amarillo en mi armario. Bueno, en realidad lo que pasó fue que llegó internet a mi dormitorio y ya esas viejas revistas de noticias científicas y fotografías maravillosas se me quedaron “cortas”. Comparando el contenido disponible a un golpe de ratón con la tediosa tarea de revisar una a una todas las revistas para encontrar aquel artículo que tanto me gustaba sobre las batallas de los romanos… No había ni punto de comparación.

Hace unos días cayó en mis manos un ejemplar de Muy Interesante y lo revisé con detenimiento. Pero no, ya no tenía la misma magia que cuando yo tenía 14-15 años. Los artículos publicados, en su mayoría, ya los había leído en internet hacía varias semanas. Sólo aportaba como valor añadido los gráficos espectaculares como siempre, pero poco más.

Bueno, confieso que no fui fiel al Muy durante toda mi vida. Le puse los cuernos varios años con Quo, que nació muchos años después y tenía una maquetación mucho más moderna y que me gustaba más. Pero como sucede siempre en estas revistas, cada 18 meses comienzan a repetirse y ya no merecen la pena seguir comprándolas. Si recuerdo que el último número de Muy que me compré fue junto a un ejemplar de PC Actual, y fue la misma sensación que la primera vez que abrí un ejemplar de Muy allá por los primeros años de los 90.

Si, lo reconozco, durante 2 años compré todos los números de PC Actual, me leí hasta el último artículo, me sabía los precios de las placas base, qué antivirus era el mejor en todas las comparativas, qué fabricante tenía la tarjeta de video más potente… En realidad me convertí en “el informático” de la pandilla, pese a que no tenía ni puñetera idea de cómo arreglar los problemas más sencillos con Windows.

Creo que la última subscripción que tuve acabó allá por el 2.000. Desde entonces no he vuelto a ser fiel a ninguna revista, ni de ciencia, de viajes, de informática o de punto de cruz. Si quería consumir conocimiento absurdo me conectaba a la wikipedia hasta que me dolieran los ojos de leer sobre cualquier tema.

Por suerte por aquella época descubrí los blogs y comencé a volcar allí lo poco que había aprendido en las revistas, pero de pronto descubrí a otros bloggers que escribían de temas sobre los que, supuestamente, yo era el que más sabía y me demostraban que en realidad yo no sabía una mierda de nada. Fueron años de profunda frustración, lo reconozco ahora que han pasado tantos años. Aprendí ese dicho que dice que en la vida siempre habrá alguien que es mejor que tú en cualquier cosa que hagas. Es más o menos lo mismo que ahora dicen los emprendedores sobre Google, que da igual lo que hagas que luego vendrá Google y lo hará mejor que tú y encima gratis. Pues eso.

Bueno, yo había venido aquí a hablaros de mi playlist de versiones imposibles. No sé si a estas alturas todavía estás interesado.

Esta playlist la he llamado “Mal gusto exquisito“ y si encuentras algún tema más ya sabes que puedes añadirlos (es colaborativa).