Es complicado tener que justificar a un personaje como Josep Antoni Durán i Lleida. Le llamo personaje porque siempre le había considerado como uno de los políticos españoles más válidos, pero desde que superó el tumor pulmonar parece que se convirtió en una caricatura de lo que algún día fue. Se ha transformado en un “Señor” catalán (perdón, aragonés de nacimiento), de esos que visten de sastre, con habitación fija en el Hotel Palace de Madrid y que piensa que a los políticos hay que pagarles mucho y bien porque los pobres no saben de política.

Duran Lleida: ‘En otros sitios de España, con lo que damos nosotros de aportación conjunta al Estado, reciben un PER para pasar una mañana o toda la jornada en el bar del pueblo’

Pero vayamos por partes, como decía Jack el destripador. Que Durán i Lleida sea un gilipollas aburguesado no puede tapar la parte de razón que tenían sus críticas hacia los andaluces que cobran el PER.

La cosa empezó por unas declaraciones de una consejera de la Junta de Andalucía que sacaba pecho al inaugurar un asilo público y criticaba a los catalanes que ya hasta congelaban los conciertos para mayores. Durán i Lleida se sintió ofendido y fue cuando dijo aquello de que los agricultores catalanes tenían que ver cómo sus hortalizas se pudrían mientras a otros les daban un subsidio para que estuvieran todo el día en el bar. No dijo nada que no hayan dicho ya otros políticos como Esperanza Aguirre o Ana Mato, pero como el candidato de CiU para las Elecciones Generales lleva ya un tiempo que da siempre en la misma puntilla, los andaluces hemos saltado a su yugular (y con razón). En esta ocasión tengo que decir que la consejera Micaela Navarro fue la primera que metió a los catalanes en sus declaraciones sin venir a cuento. Si abre una guerra tiene que estar preparada para lo que le mande el enemigo.

Pero como yo soy poco talibán y doy la misma credibilidad a todo el mundo, he preferido escuchar lo que tenía que aclarar Durán i Lleida antes de dar mi opinión. Y el caso es que comparto más argumentos con el político catalán que con los que le atacan (en estos momentos docenas de lectores cierran la pestaña de mi blog y se van a facebook a plantar cosas en su huerto).

Y diré por qué apoyo sus razones. Porque en Cataluña, donde vivo, hay subsidios para la industria del motor, para los proyectos que promueven el catalán, etc. En todos los casos son subvenciones para que alguien haga algo. Es decir, se paga por producir algún bien o servicio.

En Andalucía, donde viví 27 años, se ha utilizado una política de subvención que alimenta la sopa boba. Se paga para que la gente no trabaje. No han existido políticas que busquen la reforma agraria (el gran quid de la cuestión), que acaben con los grandes terratenientes (hola señora Duquesa de Alba). Durante más de 30 años se ha subvencionado al que no estaba haciendo nada, al que no produce, al que no genera ningún bien ni ningún servicio.

Es cierto que en los últimos años se ha endurecido el tema del PER y ya no hay ni la mitad de los abusos que había antes. No podemos atacar a gente que sin ese subsidio no tendría recursos. Pero nadie podrá negarme que durante muchísimos años ese dinero se cobraba en las familias de forma fraudulenta. No te hablo de oídas, te hablo de lo que he vivido toda mi infancia, donde el padre firmaba las peonadas de su mujer, que ni salía de casa en todo el día pero constaba como que estaba trabajando recogiendo fresas todos los días de la semana.

Y lo peor era cuando mi vecino se encontraba con que se le pudrían las fresas porque no tenía mano de obra para recogerla, tenía que recurrir a mano de obra extranjera y en muchas ocasiones sin papeles ni nada de legalidad. Mientras en la lista del paro había cientos de personas que preferían trabajar sólo los jornales suficientes para cobrar el PER y el resto del mes estar en casa sin hacer nada.

Ojo que lo mismo que pasa en Andalucía con el PER pasa en el norte con los subsidios de la industria del carbón o en Galicia y Asturias con las explotaciones lecheras. En todas las regiones donde existen subvenciones para estar parados se abusa del principio de buena fe en el que están basadas dichas ayudas. Y claro, para los que cogimos la maleta y nos fuimos a buscar trabajo a 1.000kms de tu familia, ver como hay miles de personas de mi edad, que cobran dinero cada mes (es una miseria, ya lo sé) por no trabajar… Qué te cuento, que me jode, claro que me jode.

Lo peor es que después de más de 30 años de políticas de subvención Andalucía sigue siendo la región más pobre de Europa, teniendo unos recursos naturales envidiables y una densidad de población que debería producir mucho más, muchísimo más.

Pero claro, a los que hemos crecido en Andalucía escuchando en campaña electoral el típico “que viene la Derecha, que quitará el paro y las pensiones” es fácil de entender que en una sociedad que ha vivido en ese clima es difícil hacer crecer la semilla del emprendedor empresarial. Si esos 400€ mensuales por no hacer nada se invirtieran en ayudar a la creación de empresas, estoy seguro que de las miles de iniciativas que nacieran con esos recursos, un porcentaje, por mínimo que sea, acabaría teniendo éxito y generaría puestos de trabajo y formas alternativas de ganarse la vida. Pero claro, si cuando a un grupo de chavales les preguntas sobre qué negocio montarían y todos te dicen que un bar o una peluquería, es que además de falta de iniciativa empresarial lo que falta es mucha cultura empresarial.

Bueno, cada uno sabrá cómo y con quien quiere vivir y de la manera que quiere ganar el dinero que le da de comer. Al final ésto es como el que acepta dinero de sus padres para comprarse la ropa y salir de marcha teniendo ya 35 años. Que si, que hay paro mucha crisis, pero igual que no hay pared entre la noche y el día, las fronteras están abiertas a los que aquí no encuentran un hueco en el mercado laboral. Aunque claro, cuanto todo te lo ponen tan fácil es difícil resistirse…