Reconozco que soy aficionado a la Bolsa, me gusta estar informado desde hace aproximadamente unos 10 años de todo lo que rodea al mercado de valores. Fue justo ahora, cuando sucedió lo de las Torres Gemelas, que uno de mis primos pasó un día que no olvidará jamás, intentando localizar a su broker para que vendiera sus acciones y no perdiera todo el dinero tras el crack de la Bolsa de Nueva York. Desde ese día me llamó la atención lo fácil que era ganar dinero en la Bolsa y lo difícil que resultaba acertar con un valor seguro.

Saber invertir tu tiempo

Lo poco o mucho que haya aprendido en estos 10 años sobre las inversiones en Bolsa lo aplico en la vida real. Y donde más he aplicado mis conocimientos fue en el mercado laboral. Para mi elegir un trabajo ha sido siempre como una inversión en Bolsa. Buscas un posible candidato y si el precio de mercado está a tu alcance, compras. En este caso, si cumples los requisitos de la empresa, te contratan.

Pero claro, tú entras a trabajar a un proyecto que por fuera puede tener una imagen de modernidad que a la hora de trabajar descubres que es eso, sólo fachada. Luego te amargas y te arrepientes de haber “invertido” en ese valor y estás deseando “vender” y buscar otro sitio donde invertir tu tiempo.

Hay personas que se han conformado con tener una formación mínima, que por otro lado ya sabían que les daría acceso sólo a puestos de trabajo de perfil bajo (recuerda aquello de “quien paga cacahuetes, tiene monos”). Luego aceptaron el primer trabajo que se puso a tiro, se endeudaron de por vida en una hipoteca de 50 años y ahora son lo más parecido a un esclavo. Viven para trabajar, además, trabajan en algo que no les gusta, no les deja desarrollarse como personas. Es un ejemplo de una inversión ultraconservadora, donde el posible crecimiento se muestra a largo plazo o tal vez incluso se mantenga plano durante años. Es cierto que esas acciones no perderán su valor inicial, pero el beneficio no alcanza unos intereses que justifiquen una inversión tan elevada.

Luego está la gente que primero invirtió fuerte en su formación y que no firmó un contrato para la eternidad hasta que superaron los 30 años. Ya conocían el mercado para ese momento y supieron elegir un valor de garantía. Invirtieron con seguridad en valores que le aseguraban intereses a medio plazo.

Y claro, también está la gente que no invirtió su tiempo en formarse pero por suerte llegó a una empresa que es un chollo, con horarios fantásticos, pagas dobles y triples, oficinas de diseño, un jefe super enrollado y todo lo que te imaginas de una empresa guay. Bueno, nadie dijo que en la vida no pueda haber gente con suerte, aunque al igual que pasa en la Bolsa cuando inviertes en un valor y la suerte te sonríe, a veces hay que saber cuando abandonar el barco a tiempo y cambiar de aires.

Mira de nuevo tu puesto de trabajo, cómo es tu empresa, cómo es tu jefe… ¿Te gustan? ¿Por qué aceptaste ese puesto de trabajo? Esa decisión la debiste tomar como una persona adulta, asumiendo los riesgos al ser una inversión. ¿Crees que has acertado?

Los que todavía no tengan una hipoteca que pagar cada mes aún están a tiempo de “vender” sus acciones y buscar un valor más interesante. Pero si cada mes el banco te come media nómina, entonces quizás ya es demasiado tarde.

Recuerden niños, tu tiempo es tu mayor inversión, no la desperdicies leyendo blogs como éste. Estudia!