Un buen día de 1.970, el amigo Amar Bharati decidió que quería cambiar de vida. Abandonó su trabajo, su esposa y sus 3 hijos y decidió dedicarle su vida al dios hindú Shivá. Pero tres años después nuestro amigo pensaba que todavía no había logrado desconectar de los lujos inútiles del mundo terrenal, así que decidió brindar un sacrificio personal: Desde aquel día Amar Bharati permanece con su brazo derecho en alto, como si pidiera permiso a la maestra para salir al servicio.

Su sacrificio ha tenido como recompensa un brazo atrofiado y una legión de imitadores que también han sacrificado sus brazos en honor del dios Shivá. Al ver las fotos del brazo deforme y la mano atrofiada uno se imagina el dolor que habrá soportado durante este sacrificio, pero el protagonista explica que el dolor fue cesando poco a poco y hace ya mucho que no siente absolutamente nada en esa extremidad.

Me alucinan estos Sadhus indios que son capaces de hacer sacrificios tan extraños por su religión. Aquí mujeres sanas y en edad de merecer decidían encerrarse entre cuatro paredes para toda su vida, sólo para rezar 5 veces al día y hacer dulces. Tampoco nos separan tantas cosas, verdad?

Vía | GS | OC