Atentos al despliegue de efectos especiales dignos del mismísimo George Lucas, hay besos con aspecto de sables láser, disparos de amor, trucos de magia con flores… Y sobre todo, unas dotes interpretativas fantásticas por parte de los dos tortolitos:

En estos casos siempre me acuerdo de un viejo chiste donde un alto cargo del Partido Comunista visita una región al norte de Rusia. Las autoridades locales le prepararon un recital de bienvenida, donde un chico tocó al violín la canción favorita del invitado. El problema es que la tocó fatal, desafinando a cada rato. Al finalizar la pieza musical y para romper el hielo le preguntaron:

– Señor, qué le parece la ejecución del artista?

– Hombre, ha tocado como el culo, pero no como para ejecutarlo. Que lo manden a Siberia.

Y así fue (más o menos).