Hace mucho (demasiado) tiempo que no hablo de libros en el blog. La paternidad no es precisamente una fase de tu vida en la que tengas mucho tiempo libre, y si lo tienes no se lo dedicas a la lectura. Pero bueno, será que poco a poco todo vuelve a la normalidad, la niña ya no es tan niña, los padres nos vamos soltando un poco más, así que el placer de la lectura recupera su sitio en mi vida.

Si eres mal lector (como yo), de los que tiene varios libros empezados y no te animas a acabar ninguno de ellos, el mejor consejo que te puedo dar es buscar un autor con muchas obras y leerte toda su bibliografía (por orden cronológico). Es un auténtico placer, te lo recomiendo.

Ni se te ocurra leer libros sobre bebés, ni consejos para criar mejor a tus hijos. En serio, si quieres disfrutar de la lectura lo último que tienes que hacer es leer libros que te obsesionen todavía más con la crianza de tu hijo. Al contrario, busca un tema totalmente diferente (te recomiendo novelas de viajes y aventuras) que haga que tu mente se relaje y disperse la tensión acumulada.

Te decía que leer todos los libros que ha escrito un autor es un placer, porque cuando ya llevas 2-3 seguidos es como si al leer sus páginas estuvieras charlando con un amigo. Reconoces su forma de expresarse, sabes incluso donde hará el giro, la sorpresa, eso convierte a una novela en algo fascinante.

El primer autor que leí de cabo a rabo fue Noah Gordon. Mucha gente me había hablado de su best-seller “El Médico“, me lo leí y me gustó tanto que me he leído todos y cada uno de sus libros. A veces no los he podido leer en el mismo orden en que fueron publicados, pero la intención es lo que cuenta.

Luego di el salto a Arturo Pérez-Reverte, al que descubrí en mi época de instituto, donde la profe de literatura nos recomendó leer su éxito “Alatriste“. Me pareció fantástico que por fin alguien te hablara de aquella época con esa pasión y crudeza. Leyendo sus novelas históricas descubres que la Edad de Oro española es más apasionante que cualquier otra época de la historia para nuestro país, y que podrían hacer muchas más películas ambientadas en esos años, en lugar de recurrir una y otra vez a las que se sitúan en la Guerra Civil Española.

De Pérez-Reverte no sólo me he leído todas sus novelas, también me compré algunos tomos recopilatorios con sus artículos que cada domingo publicaba El Semanal de El País. Es una de mis principales fuentes de inspiración a la hora de escribir en mi blog, no digo en cuanto a temática, sino a la hora de expresarme, porque a veces tengo tanta mala leche que me bloquearía si no supiera cómo decirlo (de ahí viene lo del premio al Gilipollas de la Semana).

Pues bien, el último autor del cual estoy prendado y me estoy leyendo todas las novelas que puedo se trata de Alberto Vázquez-Figueroa. Sus novelas son auténticos guiones de cine, usa un lenguaje tan próximo al cinematográfico que siempre acabas el libro diciendo que es una pena que no se haga una peli con él.

Por suerte Vázquez-Figueroa es un escritor muy prolífico. Tiene novelas para tenerme entretenido durante varios años, sobre todo me gusta que suele escribir varias novelas sobre un mismo personaje, así luego sucede que si te gusta la primera acabas devorando las siguientes entregas.

Y lo mejor es que en sus novelas expresa sus ideas, lanza propuestas de todo tipo, desde fuentes de energía alternativa inagotables y económicas, sistemas de desaladoras a coste cero, sistemas para reducir el dinero negro, etc. Además, tiene un blog donde va publicando muchas de estas fabulosas ideas, que en muchas ocasiones utiliza para desarrollar una novela a su alrededor.

Estos tres autores no escriben sobre cómo criar a nuestros hijos, pero si que suelen hablar de hombres duros, que han luchado mucho en sus vidas. Que se han enfrentado a todo tipo de imprevistos, unas veces luchaban con armas contra un enemigo y otras usaban su imaginación para encontrar una idea con la que derrotar a quienes querían acabar con ellos.

Al fin y al cabo es como si pudieras leer la vida de muchos hombres que sobrevivieron a experiencias vitales a las que quizás algún día tengas que hacer frente tú mismo. Dudo que ni tú ni yo acabemos nuestros días en un suburbio de Ciudad del Cabo, luchando por encontrar comida cada día. Pero si que podemos comprender que siempre hay una solución a los problemas diarios, unas veces esa solución está en manos de los demás y otras veces eres tú el único que puede ayudarte.

Cada vez que acabo una de estas novelas mi confianza crece, me siento más preparado para el duro trabajo de educar a una hija en esta época. Pero lo que más aprendes es que siempre hay posibilidades de que todo se joda, de que una desgracia arrase tu vida tal y como la conoces ahora. En esos momentos es cuando mirarías al cielo diciendo ¡Qué puedo hacer ahora! y recordarás lo que hicieron esos personajes de novela. Siempre se aprende algo, aunque en tu caso eres el protagonista de tu propia novela.

Escribe tus propios capítulos, no dejes que otros los escriban por ti. Nunca escribirás otra novela como ésta.