La educación se basa en la constancia

15 ene , 2010  

Seguro que has vivido una situación similar: varias mamás en un parque lleno de niños, una elogiando a la otra por lo bien educada que tienen a la niña. Esa escena la veo muy a menudo y siempre pienso que se valora muy poco tener un hijo que entra en la definición “un niño bien educado”. Básicamente porque ese concepto ha variado mucho en los últimos años.

Antes se valoraba un niño por su capacidad de hacer caso a los mayores, por hablar sin gritar, pedir las cosas por favor, comer con la boca cerrada, respetar las cosas que no son suyas, compartir sus juguetes, hacer las tareas de la escuela y dar los buenos días cuando se cruza con una persona mayor. Hoy en día nos conformaríamos con que el niño no le meta fuego al ascensor, no venda pastillas a sus compañeros de clase, no se grabe en pelotas para subirlo a tuenti, sepa comer con cubiertos y no le robe dinero del monedero a la madre.

Los problemas crecen

Si, así estamos ahora. Porque lo fácil es dejarles libertad, que se expresen de la forma que crean oportuno. Tu labor como padre debe quedar como pagador de facturas y pagas semanales. Nada más. Los educan en el colegio, los alimentan en McDonald’s y consumen su rato de ocio en internet. Ya no pintas nada en su educación.

O bien te revelas contra todo ésto y decides que el niño hará lo que tú creas oportuno. Mientras sea menor eres el responsable de sus actos, por lo que siempre serás tú el que supervise qué hace, con quién y a donde va. Es lo que hicieron tus padres contigo y juraste que no harías lo mismo con tus hijos.

Bien, ahora dime de verdad si eres tan liberal y estás dispuesto a dejar en manos de tus hijos las deciones más importantes de su vida (me refiero a su etapa de adolescentes).

Cuando hice las prácticas de magisterio me tocó un instituto de Triana y por suerte tenía otro compañero en un grupo de la misma edad. Decidimos hacer un experimento práctico, cada uno utilizaría un estilo de enseñanza diferente (contrarios). Yo que voy siempre rapado y con cara de mala leche usaría el estilo de mando directo (lo que conocéis todos por un militar: haz ésto, hazlo así y porque lo digo yo, y punto) y mi compañero que tenía más pinta de hippie usaría el estilo abierto (guiarles en las tareas pero dejar siempre ellos decidan qué, cómo y cuando).

No he dicho que los grupos eran de chavales de 3º ESO, o sea, unos 15 años de hormonas y tonterías. Mi compañero tuvo una gran aceptación por parte de toda su clase, en seguida se sabían todos su nombre, le saludaban en el patio… A mi no me saludaba nadie, no me hacían preguntas antes o después de clase, sé que me pusieron algún mote porque nadie me llamaba por mi nombre…

Al finalizar las prácticas sometimos a los dos grupos a la misma batería de pruebas físicas y teóricas. Si, ya sabes lo que voy a decir verdad? Mi grupo sacó mejores notas en la prueba teórica y los 10 primeros en las pruebas físicas.

El último día de clase a mi compañero le regalaron una camiseta de su equipo de fútbol y a mi… Nada.

Llevemos este caso personal al plano educativo que te toca desempeñar como padre de familia. Tienes muchas maneras de enfocar tu rol como padre/tutor/formador. Puedes ir de coleguita confidente, puedes ir de estricto y tajante, puedes ser permisivo o puedes recurrir a un contrato social.

En ningún caso puedes asegurarte que harás un buen trabajo. Cada niño es un mundo y no a todos les servirá el mismo estilo de enseñanza. Unos quizás necesitan que estés más encima, exigiendo responsabilidades y comprobando que cumple sus obligaciones. Otros que son más responsables se ganarán tu confianza y le dejarás hacer y deshacer a su antojo (siempre dentro de unas normas).

A mi me tocará hacer de padre de una niña preciosa que además es más lista que las ratas. Nos toma el pelo como le da la gana y sólo tiene 20 meses. Si mantengo un estilo de coleguita, con 15 años será un peligro público, fijo. No me quedará otra que ser estricto, comprobar que cumple todas sus obligaciones, que me presente resultados cada poco tiempo… En definitiva, ser constante.

Sé que no seremos grandes amigos, que seré una molestia, un incordio, dando por saco todos los días con lo mismo. Pero el resultado es lo que me interesa, ya tendré tiempo de ser amigos cuando los dos seamos adultos. Mientras sea mi responsabilidad haré todo lo posible porque cumpla con su cuota de obligaciones.

Le ofreceré todas las oportunidades, de partida siempre tendrá un SI para todo. De ella dependerá perder esos privilegios si deja de cumplir con sus obligaciones. Si un hijo saca buenas notas, ayuda en casa, es educado y tiene buenos amigos, se merecerá la Luna. Si es todo lo contrario, pues perderá todos los caprichos y privilegios. En realidad estará siempre en su mano disfrutar de la vida. A eso le llamo yo Educación en Positivo: premiar sus buenas acciones y dejar sin premio las malas conductas.

Este post será interesante para los padres 2.0 que suelen visitar este blog. Si no eres todavía papá quizás te pueda parecer aburrido o fuera de lugar, pero créeme, tarde o temprano te encontrarás en una situación similar y quizás te vendrá bien saber con antelación lo que te espera.

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  • http://caminantedelavida.wordpress.com Jomadogi

    bueno pues los padres tenemos que ser padres y no amigos de nuestros hijos que estos ya los tienen en el cole o el vecindario… No perdamos los papeles.

    Un saludo

  • Gaby

    creo q la astucia esta en saber cuando ser padre y cuando ser amigo, no puedes ser un tirano siempre, y tampoco puedes actuar falderamente siempre, el equilibrio en todo es importante