Que estamos faltos de líderes carismáticos es algo que está a la órden del día. Que hayamos elevado a los altares a Barack Obama antes de que haya hecho nada bueno por nosotros también es una verdad como un templo.

Pero es lo que tienen estas personas “especiales”, que consiguen atrapar las ilusiones de los desencantados con el modelo de sociedad actual. Tienen buena presencia, don de palabra y una mirada especial que parece que está hablando con cada uno de nosotros.

Si durante los años 70 del s.XX lo habitual era lucir una camiseta con la cara del Ché Guevara, no podemos descartar que nuestros hijos luzcan una con la cara de Obama (sólo espero que a éste al menos lo dejen morir de viejo).